Rinocerontes eran los de Antes

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sábado, diciembre 23, 2006

Sobre termitas

Yendo hacia el este de Asunción por la ruta 3, a unos 170 km te encontrás con una ciudad llamada San Estanislao. Durante uno de los viajes en esa dirección una garza blanca, como de un metro de altura interrumpió nuestro trayecto. Estaba detenida sobre la senda de la carretera por la cual circulábamos, parada con aire señorial. Por supuesto redujimos la velocidad y la garza se quedó valientemente hasta que el móvil se acercó a la suficiente distancia como para que, insegura de su futuro, extendiera las alas y volara. Lo natural hubiera sido que volara hacia el costado y se instalara en el humedal que se extendía desde la ruta hacia el horizonte. Hacia los dos horizontes laterales. Esta voló unos cuantos metros hacia adelante y nos plantó enfrente otra vez su cuerpo elegante. Otra vez aminoramos la marcha. Y otra vez la garza levantó vuelo para enfrentarnos más adelante. Una situación inusual, sin dudas. Como a la quinta semi detención la garza se elevó sobre uno de los laterales y nos acompañó el viaje durante unos centenares de metros tan cerca que casi podría tocarla extendiendo mi mano hacia afuera de la ventanilla. Un espectáculo formidable. Una señal de la naturaleza. Antiguamente era señal de buena fortuna que un pájaro levantara vuelo ante tu paso. Pensé eso.
Luego de andar un rato llegamos a San Estanislao. Santaní, como le dicen sus pobladores. Me pareció lindo eso de llamar a tu ciudad por un diminutivo. Como si nuestro San José fuera Sanjo, o Pepe. O que sé yo. Pero no fue una ciudad de las más simpáticas que pisé. No descubrí grandes cosas para ver. Su principal atracción son tres cibercafés. Uno de ellos cerró, otro está siempre ocupado y el tercero, en mis tres o cuatro pasos por Santaní jamás pude utilizarlo. O no tenían conexión, o la computadora estaba rota, o si todo funcionaba, estaban ocupadas, claro. Le bromeé a Blatter que por lo menos fueramos para el supermercado, que era el único paseo que podíamos tener. Y hasta quizás pedir que nos tomaran una foto en una góndola para llevarnos de recuerdo. Es una ciudad envejecida, sin jovenes, sin noche, casitas antiguas, despintadas por la avenida principal ruta. No es nada diferente a cualquier pueblito de nuestro país.
Hacia el norte sale transcurre la ruta 8 que termina 250 km más arriba formando una T con la ruta 5. En la unión de las dos rutas hay otro pueblito llamado Yby Yau (Tierra Fértil en guaraní). Al ir progresando por la ruta 8 hacia el norte comencé a ver sobre los costados de la carretera construcciones conocidas por mí solamente por las figuras de los libros y los documentales. Parecidos a nuestros tacurús pero más imponentes y bastante más aislados entre sí. En general de una altura promedio de 1 metro o 1 metro veinte, los he visto hasta de casi el metro ochenta. Sentí la curiosidad de tocar uno. En mi infancia frecuentemente hundía uno de mis dedos o un palito en los nidos de hormigas rojas esperando ver como prontamente brotaban del agujero centenares de pequeños soldados de picadura temible. En el termitero esto no es posible de hacer. La tierra con que construyen su ciudad está tan sólidamente cementada que a lo primero que te recuerda es estar tocando un material producido por el hombre para emular la solidez de las rocas. Es como si construyeran con hormigón. Es lo más parecido. Por lo tanto no pude ver una termita. Ni un solo soldado. No sé como son. Estas enormes construcciones no dan señales de estar "vivas". Bien podrían estar abandonadas, porque la vida de las termitas transcurre en las tinieblas y están perfectamente aisladas del exterior para cuidarse de sus enemigas más terribles, las hormigas. Lo que me llamó la atención es ver enormes termiteros en las cercanías de las casas, en los jardines, como viviendo en comunidad, hombres y termitas. Uno acostumbra ver que donde pone los pies el humano el animal se aleja, se desplaza porque el hombre es dañino, en general. Supuse que las termitas representarían alguna ventaja para la gente. Que tendrían efectos benificiosos para el suelo, combatirían a alguna plaga o algo por el estilo. Porque los humanos tenemos clemencia de alguna forma de vida si nos proporciona alguna ventaja por algún lado. Hablando siempre en términos generales. Me propuse averiguar y bajé, ya instalado en Montevideo, un libro de un escritor belga llamado Maurice Maeterlink que hablaba sobre las termitas. Sabía de la existencia de este libro porque mucho tiempo atrás mencionó el blogger Benito a este autor hablando de un libro sobre las flores sobre el cual se había referido con bastante admiración. Buscando ese libro vi que este autor había escrito sobre las flores(su inteligencia y la forma en que evolucionan) y también sobre la forma en que viven y se organizan las termitas, las abejas y las hormigas en sendos libros. En el momento no les di pelota pero sabía que existían al menos. El de las flores lo encontré en una librería del centro, lo estoy leyendo. El de las termitas lo bajé por internet y lo leí con el interés de quien busca respuestas a algo que no entiende como natural(la convivencia pacífica del hombre con colonias de bichos). La respuesta que supe extraer hurgando y releyendo fue diferente a la que esperaba. No encontré una ventaja (quizás no busque bien) que las termitas proporcionaran al hombre. Lo que descubrí es que para destruir un termitero se tiene que recurrir a la dinamita o a medios mecánicos, y que aún destruidos, la mayor parte de las colonias pervive a lo largo de muchos metros cúbicos de tierra debajo de sus rascacielos. Terminar con las termitas para un tipo sería una cuestión de obsesión personal, no una tarea fácil que puede lograr una persona que poco tiene para hacer. Y el clima tórrido ahuyenta la posibilidad de que cualquier persona esté muchas horas dedicado a la destrucción de un edificio de éstos, a sabiendas que no terminará ni con el 1 por ciento de sus habitantes luego de un esfuerzo titánico. Entonces los hombres conviven. También supongo que destrozar uno de estas civilizaciones millonarias en años de existencia conlleva el riesgo de despertar una bestia dormida. Leí que nada detiene a las termitas hambrientas. En Africa sus hordas invasoras terminan con ropa, muebles y casas. Para proteger algo de las termitas suelen poner botellas invertidas como patas y lo que quieren proteger arriba de una tabla que forma una improvisada mesa. Pero cuenta Maeterlink que en menos de 24 horas las termitas se amañan expulsando de su cuerpo un fluido muy agresivo, para socavar el vidrio y poder acceder a lo que los humanos pretendían dejar fuera de su alcance. Son suficientemente inteligentes como para detener colectivamente la deglución de una casa entera al percibir las primeras señales de derrumbe de su "alimento" para comenzar a apuntalar y reparar las vigas que sostienen la misma estructura que carcomen poco a poco. Cuenta también entre tantos datos, que las termitas son todas iguales al nacer, pero una "inteligencia" natural, que difícil es saber por la ciencia donde se origina logra que por medio de la alimentación se vayan distinguiendo nueve tipos diferentes de termita con otras tantas funciones sociales asociadas que varían en cantidad según las necesidades de la colonia.


Una de estas clases son los soldados. Los más imponentes por el tamaño de sus mandíbulas hiperdesarrolladas para la defensa. Estas no pueden alimentarse por sí solas, necesitan de los servicios de una obrera que les ponga en su boca una bolita digerida de alimento. La existencia de un soldado es estar en guardia toda su vida, alimentado de cuando en cuando por una obrera y cumple su finalidad cuando la ciudad es atacada y debe salir a interrumpir el acceso del invasor. Una vez fuera, las obreras construyen un muro detrás suyo condenándola para siempre, mientras el soldado luchando da tiempo a que el muro solidifique y la colonia sobreviva al ataque. Aparentemente es poco lo que se sabe de estos seres, dando que no pueden ser estudiados en laboratorio como las hormigas ya que rápidamente sellan las paredes de vidrio de cualquier ocasional termitero artificial que le brinden para desarrollar su vida a oscuras. Al margen de la curiosidad del hombre.
Es notable la inteligencia y los misterios milenarios que se esconden dentro y debajo de unos pequeños montículos aledaños a esas otras construcciones, muchísimo menos soberbias y enigmáticas, que son las humanas.


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4 Comentarios:

A la/s 23 diciembre, 2006 17:07, Anonymous Gabriel dijo...

Muy bueno Robertö. Me gusta la forma de explicar sobre animales y plantas, y además cuando escribe sobre Paraguay, país fuera de la agenda de toda persona educada.
Hace un dos dos años me contaron de la stevia o estevia para endulzar, y nosotros consumiendo las porquerías químicas y caras.

saludos

(No puedo ver las imágenes de este último post)

 
A la/s 23 diciembre, 2006 19:00, Anonymous robertö dijo...

No se que sucedió con las imagenes, pero el post no es un estreno, lo estoy reponiendo, es del primero de mayo pasado.

 
A la/s 24 diciembre, 2006 16:58, Anonymous Gabriel dijo...

ahora se ven :-)

 
A la/s 24 diciembre, 2006 21:33, Anonymous dont look back dijo...

hizo bien en recuperar este excelente post en tan importantes fechas, robertö, feliz navidad y como dice Varig um anho novo cheio de prosperidade, tururu tururu tururu...

 

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