Rinocerontes eran los de Antes

Evolution

domingo, febrero 25, 2007

No se da cuenta

Algunas veces llego por la noche a casa. Me espera el pasillo oscuro, entro sin hacer ruido para no despertar a nadie. Siempre me toma por asalto una criatura de la noche, una especie de orco bruto que nada detiene y no para de alegrarse con mi retorno, y besa mis manos con devoción, como si quien acabara de llegar fuera un hombre santo.
Se llama Gaia, hace nada la elegí de entre una decena de cachorros que parecían de peluche. De todos los hermanos elegí su cabeza y la acaricié. Ella me vino a reconocer olfateando, curiosa y tímida. Me dije, alzándola contenida en una de mis manos..."...sos vos". Y desde entonces, en que era apenas más grande que un hamster, ha estado tan ocupada creciendo que no se da cuenta de mis limitaciones, de que cometo torpezas que luego no se arreglar, y que también puedo lastimar a la gente. Ella percibe mi presencia y solamente se alegra.

sábado, febrero 24, 2007

Maravillosa mente (2). Homenaje a Juceca.

El bagre ganó la puerta y salió rumbo al arroyo
Hombre que supo ser llevadero, aura que dijo, fue un tal Anular Gandúl, el casau con Apócrifa Visual, hija del viejo Visaul, que eran tres: Fallutita, Mentirola, y la tal Apócrifa, que con Anular se conocieron en el velorio de Palangano Mocheto, que tuvo la muerte del terrón de azúcar porque murió en un café. Eso en los tiempos del azúcar en terrón, que no había que sacudirlo como ahora con el sobrecito, que es un peligro porque uno se descuida por mirar la rubia que pasa, y capaz que le pega al pocillo, salta el pocillo, salpica a una vieja y con la cucharita que sale como chijete le saca un ojo a un señor, cosa que no peligraba con el terrón.
Y Anular salió llevadero de llevar. Ligero de mano pal agarre con disimulo. En las fiestas era un despiporre, y si lo descuidaba, se metía media torta de frutilla abajo del poncho. Y como le digo frutilla, le digo chantillí. Y una vuelta iba como bobiando por la orilla de un arroyo cuando justo va un pescador y engancha un bruto bagre, lo tira pa atrás, así, el bicho cae entre los pastos, y va Anular Gandúl y lo levanta, y se lo mete en la camisa y sigue caminando mientras el otro, como un abombau, buscaba el bagre entre los yuyos.
Anular Gandúl llegó al boliche El Resorte con el bagre abajo e la camisa, saludó, se acodó, y antes de que pidiera nada, el gato barcino, que estaba en aquella punta del mostrador, lo miró fijo, le clavó las vistas en la camisa, y a lo que vio algo que se movía se le acercó, el gato, y va y le siente olor a pescado. Fue olerlo, y allí mismito se agazapó, pronto pa saltarle.
Ahí el hombre se sintió molesto porque una aleta del bagre le rascaba el costillar, se abrió la camisa, y saltó el bicho pal mostrador. A lo que lo vio, el gato le bufó de lomo arqueado. Se ve que el bagre algo malició, porque con la misma ganó la puerta y salió campo afuera en dirección pal arroyo. Y atrás el gato. A los saltos, con apoyo en la cola, el bagre era asunto serio pa la disparada, pero el barcino lo llevaba cortito. Llegó el pescado al borde del arroyo con la idea de zambullirse lo antes posible, pero no le dio el resuello y quedó allí, en la orilla nomás, viendo como el felino se le acercaba con aquellas malvadas intenciones. Pero algo le dio al barcino, como un sentimiento le dio, y en lugar de saltarle arriba con las garras, lo empujó suavecito con una pata y lo hizo caer al agua. !Una fiesta aquel bagre!. Saltaba y hacía piruetas en el aire, lo mismo que un delfín, pero con bigote. Después, cada tanto, cuando llovía y la seguidilla de charcos facilitaba la cosa, el bagre se iba hasta El Resorte, se asomaba a la ventana, y lo saludaba al barcino, de puro agradecido nomás.

fuente: http://www.uruguaytotal.com/juceca/cuentos_anteriores.php

viernes, febrero 23, 2007

Maravillosa mente

jueves, febrero 22, 2007

El efecto Mariposa 2

El efecto mariposa es ese efecto que hace que si hay una tormenta en Pekín entonces una mariposa pasa por delante de tus ojos batiendo sus alas. Y si la tormenta se detiene en Pekín la mariposa deja de batir las alas y se cae al suelo y se desnuca.

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domingo, febrero 18, 2007

Baile de máscaras

Periodista: Sos conciente de que tenés mala imagen con la gente?

Empresario dueño de todo: No importa Silvia, la imagen se puede cambiar.

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Hace dos años el periodista argentino Jorge Lanata había recalado por estas tierras y en uno de sus programas decidió hacer una investigación sobre la actividad de Empresario dueño de todo.
Le impidieron la promoción del programa durante la semana, durante la emisión del mismo en vivo sintió una presión inusual, manifestada en la presencia de autoridades del canal y en la solicitud de los tapes de informes por adelantado a la salida al aire y el siguiente viernes fue el último.

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Hace poco pensaba. Este país es de los pocos donde no es rentable construir una casa, llenarla con muchachos jovenes con intenciones de atorrantear unos meses y pagarle a un periodista de chismes para que comente todo eso.

Pero no somos mejores por no tener "Gran Hermano" propio. Aquí se consume el GH argentino.

Y hasta se deben haber hecho gestiones para introducir un uruguayo en la casa, para luego mediante marketing masivo y apelador del chauvinismo, llenarse los bolsillos de oro con los llamados telefónicos de los televidentes uruguayos, para evitar la tragedia de que un muchachito uruguayo, oriental y artiguista, sea expulsado de la casa.

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Los Damiani se hincaron, finalmente. Habían dicho que era preferible caer de espaldas. Pero lo hicieron de rodillas.

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Me da tristeza ver como la gente se pone máscaras para no mostrar su verdadero rostro, para mostrar una dureza que no tiene, una posición social que desearía, una inteligencia que apenás comienza a manifestar o juventud, o lo que sea. El otro día en una reunión sentí que estaba en una especie de baile de máscaras. La gente no se dice lo que piensa, se dice lo socialmente correcto. Y no hace lo que quiere, hace lo socialmente correcto. Entonces las relaciones no llegan a ser profundas. Son como figuras ilusorias que se disuelven en el aire cuando agitás las manos sobre ellas. Como si fueramos de humo.

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Al final el "Intocable" era el gordo Lanata. Creo que ya no hace periodismo.
Es horrible que silencien a las voces diferentes, las lúcidas, las que te hacen desconfiar. Las que son profundas.

Pero así funciona.

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Un mundo así, claramente, pide auxilio a gritos. No se sostiene, entonces activa sus mecanismos de defensa, sus anticuerpos. Hace unas semanas un iceberg de 60 kilometros cuadrados de superficie se desprendió de algún sitio de Canadá. En lugar de estar en su sitio, migrará y se derretirá. Y así muchos como él, elevarán el nivel de los mares. Al mismo tiempo por consecuencia del efecto invernadero se derrite el hielo que durante siglos controla que se escape a la atmósfera el gas metano, capturado en los suelos congelados, que contribuye en gran medida al propio efecto térmico. Según el creador de la teoría de Gaia, James Lovelock, la participación de las emisiones industriales en la generación del efecto invernadero es insignificante respecto a las consecuencias del mal uso del suelo, de las malas prácticas agrícolas y la deforestación. La vieja Gaia, está dejando paso a que sus defensas nos borren del mapa, o nos hagan ser mejores, para que no abusando de ella, sino junto a ella, sigamos nuestra evolución como raza. El camino que hay para recorrer debería ser mucho, y es bueno ser conciente de que puede ser poco. O casi nada.



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Salió entreverado el post. Salió sin máscaras.

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El Almirante Nelson me dijo el otro día que yo le doy mucha vuelta a las cosas.

miércoles, febrero 14, 2007

Reflejos




Este edificio antiguo, reflejado en la moderna fachada de una casa bancaria de orígen holandés, situada en el centro de la ciudad de Montevideo, había sido recomendado por El Warren, una leyenda viviente de la blogósfera uruguaya, en esta página hace unos meses. Lo ví fortuitamente el otro día y me tentó tomar unas fotos con mi teléfono. Que bueno esto de los teléfonos con cámara, ni los Supersonicos los tenían. Y que bueno como se funden esos dos mundos en una sola imágen con dos arquitecturas y estéticas, separadas por un siglo de distancia, que carecen totalmente de puntos de contacto.

domingo, febrero 11, 2007

Y

martes, febrero 06, 2007

Patas

Hay dos clases de arañas. Las patudas y las culonas.
A las culonas les tengo muchísimo miedo.
A las patudas también.

Entro al baño a... bueno no importa a que. Por efecto de no comprendo que causa muevo mis brazos ampulosamente, como haciendo algún movimiento ritual de algún arte marcial antigua, o jugando a ultra seven, no sé. No podría ponerle nombre a lo que hacía porque a veces tengo eso, hago cosas sin pensar. En ocasiones me pregunto si no estaré un poco guarango de más. Lo cierto es que a la vez que muevo los brazos, siento que algo en mi entorno se perturba. Y veo que algo que estaba camuflado en el aire comienza a hacerse visible y cobrar vida y comienza a dispararse hacia el techo. Era una araña de las que tienen patas finitas y extralarge y cuerpo chiquito, que me observaba inmóvil, seguramente sin poder comprender que demonios hacía yo moviendo mis brazos frente al espejo. Cuando me percaté de que la presencia perturbada era una araña entré en ataque de pánico y me retiré unos cuantos centímetros espantado tratando de no tocar ni su cuerpo ni la tela con la que se transportaba verticalmente. Al instante siguiente vi que la araña estaba completamente indefensa en la posición relativa a mí en que había quedado. Me bastaba cortar su tela para que cayera al lavatorio. Luego sería abrir la canilla. Y luego sería solo una de las miles de minimuertes que perpetramos a diario sin que lleguen a provocarnos remordimientos. A mí no me gusta matar arañas. Me parecen un prototipo biológico bastante bien desarrollado. Un bicho con muchas patas y muchos ojos. Un bicho tímido que jamás toma la iniciativa de ir a atacar a un humano. Solamente te pican cuando las apretás sin darte cuenta. El hecho es que la dejé vivir. Ahora su turno, la araña aterrorizada comenzó a ganar cota para acercarse al techo y alejarse del peligro, que en ese momento era yo. Las arañas no se desplazan como los soldados de las fuerzas especiales subiendo y bajando de los helicópteros. Ellas para subir van comiendo la tela que antes expulsaron a través de una glándula de su cuerpo. O sea que la araña subiendo hacia el techo, vista de cerca sería como un gordo chupando un tallarín larguísimo y bajo el impulso de esta fuerza de succión, se vería transportado hacia el cenit. Así más o menos se movió la araña hasta quedar en el techo, inmóvil, camuflando su pequeño cuerpito como si fuera una mancha, mientras sus patas largas ni siquiera podían distinguirse a esa distancia.
Siempre que puedo, no las mato. A las cucarachas sí.

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Ahora no me vengan con que Proust tambien escribió algo parecido...

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viernes, febrero 02, 2007

El efecto Mariposa

Hoy pasado el mediodía caminaba por la Ciudad Vieja, apurado, llegando minutos tarde a una cita. El clima era caluroso, hostíl. La gente, al igual que yo, caminaba rápido buscando llegar a destino en busca de sombra y aire fresco. Mirando al frente mientras andaba, yo pensaba en el apuro, en los minutos de atraso, en los pequeños avisos que me daba mi rodilla convalesciente, ante los pasos rápidos y de pronto ocurrió. La mariposa avanzaba velozmente de frente hacia mi rostro; tan veloz como impreciso, su vuelo amenazó la continuidad de mis pensamientos, en tan solo una fracción de segundo me obligó a hacer un esquive haciendo a un lado mi cabeza para evitar que se me incrustara en un ojo. No era grande, ni siquiera tuve tiempo de tomarle el color. Giré bruscamente para observar la continuidad de su trayectoria. Eran como manchas que aleteaban exageradamente buscando disipar el calor que absorbían del sol y a la vez escapar de sus rayos agresores. Voló verticalmente escalando la pared de un edificio antiguo y la perdí de vista cuando llegó a un viejo balcón, deteriorado por el paso del tiempo del segundo o tercer piso de la construcción. Pensé que en la Ciudad Vieja ( el corazón de la actividad comercial y financiera) donde la gente suele andar apurada y ausente, hasta esa mariposa fuera de lugar participaba de esa locura.

Instantes después trasponía la puerta del edificio al que me dirigía. El ascensor me esperaba. Aprieto el botón, la puerta se abre. Y dentro, ni bien percibo el olor, este me innunda y me lleva al pasado, me trae recuerdos. Supongo que la grasa del ascensor, algún aceite, o no sé, olía igual que la plasticina que usabamos en jardinera. Entonces me vi de delantal, manguitos y bolsita de la merienda. La imagén se desdibujó de golpe, violentamente. Me sorprendí preguntando por el Contador Fulano de tal.

-Un segundito que ya viene.

Me pregunté si eran esos recuerdos. Si esos, eran "el efecto mariposa".


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