Rinocerontes eran los de Antes

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sábado, marzo 31, 2007

Los Mitahí

Siempre evito darles dinero a los niños de la calle. Me es inmediato visualizar un mayor alcohólico que lo golpea en la cabeza, le saca el dinero y lo manda a pedir más durante horas a la intemperie. Como si el éxito efímero de volver con dinero lo condenara a la humillación y la miseria de andar callejeando obligado a buscar más. Sin embargo, durante mi viaje por Paraguay pasaba por lugares alejados del mundo, donde veía gente muy pobre, y los niños venían a curiosear cada vez que paraba un auto. Esos niños son parte de la industria de lograr que el que está de paso deje algo, que casi de inmediato se integra a la microeconomía del lugar. Son simpáticos, generalmente consiguen los que buscan, y a mí me cambiaron entonces mi visión acerca de eso. Los niños se acercaban a vender unos paquetitos con coco machacado. Me explicaba Blatter, mi compañero de ruta, que eso se toma con agua como si fuera mate, es decir succionado a través de una bombilla. Debe ser refrescante, una forma de olvidar por un momento el calor tórrido del verano. Recuerdo que a un niñito de unos cinco años le di un billete de mil guaraníes ( la sexta parte de un dólar americano) al mismo tiempo que le hice una seña ampulosa de que conservara su coco machacado. El niño se sorprendió y miró a su hermanito mayor, que le hizo un gesto de aprobación. El pequeñito tardó unos instantes en descubrir que ricibir el dinero y conservar la mercancía era doble ganancia y se emocionó, sonriendo con sus cara y con sus brazos y sus piernas, casi como un bebé y se fueron huyendo raudamente del sitio como dos pequeñas sabandijas. Quizás a darse algún gusto en la estación de servicio con ese dinero extra.

En general los niños hablan solamente guaraní, pero entienden bastante el español. Esos pocos minutos de parar para comer o estirar las piernas en los pueblitos los aprovechaba para charlar lo que podía con los que se acercaban. No es tan fácil entablar contacto con las personas adultas en esos breves lapsos en que uno detenía su travesía. Los niños lo hacen más fácil. Quizás porque cuando uno no tiene nada que decir solo se remite a sonreírles y acariciarles la cabeza.

En una ocasión al llegar a un pueblo en medio de la nada paramos a almorzar. Nos metimos en el único lugar abierto a la hora de la siesta, el sol estaba alto y el calor era agobiante. Había una mesa con un bufette muy rudimentario y para nada estimulante y en el mostrador unas empanadas rellenas de carne picada que prometían un poco más. Las visualicé como el ansiado almuerzo. Blatter me adivinó el pensamiento y me detuvo tomándome del brazo con un movimiento rápido. Me dijo por lo bajo que no sabía cuanto tiempo tenían detenidas ahí esas empanadas, y que no había refrigeración. Lo miré como si me hubiera hecho descubrir las leyes de Newton en un instante. Nuestro almuerzo fue una Coca Cola helada, esas de botella de vidrio.
Adentro hacía tanto calor como afuera y nos dirigimos hasta una una mesita muy rústica que estaba afuera, a un lado de la ruta. La mesa de aristas irregulares, tenía dos bancos hechos con mitades de cilindro de tronco de árbol apoyados sobre sendos cilindros de menor altura y mayor diámetro también troncos de árbol. Estaba justo a la sombra de un arbusto que protegía muy bien de los especialmente agresivos rayos solares de la primera tarde.
Al llegar a la mesa estaba Blatter conversando con dos niños de unos diez años. Ya le habían contado en guaraní que iban a la escuela y que estaban juntando dinero para comprar su uniforme. Blatter me transmitió lo que le contaron y les dió 3 o 4 mil guaraníes que tenía por ahí y los niños desaparecieron en el acto. Luego llegó otro chiquito, unos 8 o 9 años. Este no hablaba nada español pero daba señales de entender lo que le preguntaba. Se sentó a la mesa con nosotros sin pedir permiso, era una especie de pequeña mesa pública muy cerca de lo que parecía ser una parada de ómnibus interdepartamentales. Le ofrecí la coca que quedó y la bebió velozmente. Vinieron los otros dos chicos nuevamente y se nos instalaron. Les pregunté si conocían al pequeño y me dijeron que si, que iban a la misma escuelita rural, pero que el era dos años más chico. No parecían ser amigables con el chiquito. Los convidé también con coca cola, había mucha gente en la vuelta sin prestar mayor atención al hecho. La presencia de estos pequeños revoloteando alrededor de los forasteros no parecía ser algo que les llamara la atención. Los grandes se fueron como si hubieran descubierto un potencial cliente y desaparecieron otro rato del lugar. Yo me fuí a la estación de servicio y me compré un pote bastante grande de helado. No lo pude terminar y pensé ofrecérselo a alguno de los niños pero ya no estaban. Pero me cuestioné si estaba bien eso. Dejé el pote por la mitad en la mesa, lo separé con la mano con un ademán de "no quiero más" del que pensé que nadie estaría pendiente y como Blatter se había ido a dormir a la camioneta me tiré a lo largo del banco junto a la mesa al borde de la ruta. Ni bien estoy horizontal disfrutando de la sombra y el silencio siento un ruidito y una presencia. Supuse que era un pajarito que bajó y tiró el pote. Me incorporé y estaba el más pequeño de los tres mitahí (niño en guaraní, de hecho una de las pocas palabras que aprendí a decir en esa lengua) terminándose el helado. Por lo visto me observaba desde un lugar seguro, como si fuera un jaguar observando desde la invisibilidad de la hierba a un pato salvaje. Le pregunté si quería otro helado. Me dijo que no, pero ya amigo suyo, le dí dinero para que se comprara uno igual para él. Tomó el dinero y casi al instante caen los otros dos,cual par de jaguares cuyos ojos no se perdían detalle de cuanto sucedía desde algún escondrijo. Les dije que ya no me quedaba más dinero. El pequeño se sintió hostigado por los más grandes, percibí que tenía miedo de que le quitaran su dinero. Creo que les dije algo a los niños grandes para que lo dejaran. "A ustedes ya les dimos algo.." . Capté en sus miradas que entendieron la situación ( que no debían molestar al otro mitahí) y se quedaron en la mesa conmigo mientras el chiquito enfilaba para la estación. No era necesario conversar. Estabamos todos cómodos así, sintiendo como el tiempo a la sombra pasaba tan despacio. Pasó un oficial de policía y me saludó cortésmente. Fue por la comida que yo había despreciado un rato antes. El pequeño vuelve de la estación de servicio con un pancho (una salchicha) con ketchup. No se me ocurrió que tuvieran hambre. El pancho era bastante arrugado y antiguo. Y suficientemente grande como para que por la mitad el niño diera señales de que ya estaba lleno. Los otros captaron que el niño estaba saciado, y que además tácitamente era mi protegido y que no le podrían quitar la comida y entablaron una negociación que no entendí, en guaraní. Le dieron 1 o 2 mil guaraníes por la mitad del pancho que el niño ya no podía comer. Los grandes se repartieron la salchicha y el niño puso cara de haber hecho el negocio de su vida. Les sonreí porque ya los niños no parecían ser los enemigos naturales que eran cuando yo llegué, casi una hora antes. Al irme ya habían integrado al pequeño y los veía que andaban jugando los tres juntos. Me pregunté si alguna vez escribiría esta anécdota aquí y si algún día el progreso llegaría a ese sitio, si los niños podrían tener la suerte de desarrollar suficientemente su intelecto y podrían incluso llegar a leer esto mismo. Y luego rato después, andando por la ruta, seguía con esos niños en la cabeza.

Me pasaba con muchísima frecuencia observar a la gente por la ruta y pensar que habían nacido, se habían desarrollado y morirían tan lejos de mi centro de actividades, desde donde yo los ignoraba y ellos a mí. Que por ese único momento el presente nos conectaba. Y que la vida luego de ese momento fugaz seguiría por caminos separados, que no se cruzarían jamás. Es casi lo mismo que lo que pasa con vos, que estás ahí leyendo, que tenés tu realidad y tus vivencias y que a través de esta ventanita, y momentáneamente, nuestros destinos se acercan o se cruzan de alguna forma. Y después cada uno sigue con sus vivencias y sus cosas.

Y yo algunas las escribo.

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23 Comentarios:

A la/s 31 marzo, 2007 21:43, Blogger Irina dijo...

Interesante relato, Robertö.
También muy pícaro de su parte, no compare un cruce casual con un acto volitivo (¿no se parte siempre de cruces casuales?).
saludos.
irina

 
A la/s 31 marzo, 2007 22:49, Blogger Robertö dijo...

Pero yo no creo en las casualidades.
Y siempre se parte, como ud. dice, de esas cosas que yo no creo que son casualidades.

Irina, me dijo Von que le pidiera permiso para usar en algún post una de las fotos de los carros que tuvo a bien de enviarnos. Me pareció medio pollerudo el argumento de Von, pero bueno, en realidad usted las pidió primero y me dijo que cumpliera con esta circunstancia que le estoy comentando. Usted tiene los derechos de las fotos de hecho. Me permite?

 
A la/s 01 abril, 2007 17:53, Blogger Cronopia dijo...

ME gusto mucho tu relato... yo tampoco creo en las casualidades.
Volviendo a tu relato, hace un tiempo me toco vivir en la provincia de Corrientes, acá en Argentina, donde también hay mucha gente de orígen guaraní. Me llamó la atención la sumisión con la que interactuaban con nosotros, los blancos, los gringos. Pensé que era algo típico de su condición o de su pobreza.
Ahora me vine a vivir al sur y también tuve contacto con gente de orígen mapuche, ellos también actúan con algo que, a priori, consideré sumisión o resignación... Pensandolo bien me pareció que ellos deben entender algo que nosotros no... quizás se den cuenta que no hay porque estar creando conflicto en nimiedades como la cola del banco... o quizás, no sé y ellos sí...

 
A la/s 01 abril, 2007 19:49, Anonymous Roβεrtö dijo...

Hola Cronopia, bienvenida.
Normalmente el indígena tiene una sabiduría ancestral, producto del mayor contacto con la naturaleza.
Es real que si te encontrás con un indígena por nuestros países vas a estar frente a un individuo sumiso,o resignado o cuando menos integrado. Los rebeldes, los que pelearon por su modo de vida y por su tierra fueron exterminados. En Uruguay prácticamente no quedaron indios. Los charrúas eran amigos de Artigas y terminaron asesinados a traición y Artigas refugiado en Paraguay. Los indígenas que compartieron su vejez en el exilio le llamaban Overaba Karaí (el señor que resplandece) (y con estas dos ya no me queda mucho más vocabulario en gauraní).

 
A la/s 01 abril, 2007 20:18, Blogger Irina dijo...

Ah, Robertö! Es que Von es un Overaba Karaí y yo soy una damita. No se enoje, ni lo trate de pollerudo. Si ya tiene su permiso no precisa el mío, pero concedido sea.
cariñosamente
irina

 
A la/s 01 abril, 2007 20:37, Anonymous Roβεrtö dijo...

:)
hasta me veo tentado de ponerle Overaba karaí en el link....

gracias Irina por la concesión.

 
A la/s 02 abril, 2007 00:36, Blogger Prudencia dijo...

Eso de mirar a la gente por la ruta y quedarme pensando que ellos no se moverían de ahí mientras yo seguía de largo me pasó muchas veces. Creo que la primera fue cuando mis papás me llevaron a dar un paseo en tren y la gente saludaba desde el costado de la vía, como si nunca hubieran visto pasar un tren. Me sentía privilegiada ("pobres, yo me muevo y ellos siempre en el mismo lugar") hasta que en algún momento caí en la cuenta de que otros podrían verme a mí de la misma manera (el gringo que viene a conocer el "tercer mundo", un suponer) y al fin entendí que todos estamos parados al costado de la ruta de otro. Pero creo que me puse muy complicada: sólo quería decir eso, que conozco esa sensación.

Respecto a lo de la sumisión, me gustaría señalar que muchas veces es una estrategia, más que una reacción espontánea. No quiero quedar como la mala de la película, vociferando que la sumisión forma parte de una despiadada estrategia de los "pueblos ancestrales" para desplumarnos a todos los blanquitos, sino más bien, en todo caso, que a veces es un mecanismo de supervivencia, tal vez hasta inconsciente, que genera en blanquitos como yo cierto sentimiento de culpa (muy justificado, por otra parte).
Disculpe, robertö, me entusiasmé y me fui al carajo con la extensión.

 
A la/s 02 abril, 2007 20:55, Anonymous robertö dijo...

Me gusta que se entusiasme. Me encantan los comentarios estilo post.

Aprovecho para saludar a De Pura Cepa que me mandó un mail muy lindo acerca del post. Te lo contesto en breve...

No creo sinceramente en su hipotesis de transferencia de la culpa. Pero a lo mejor lo tiene más masticado que yo y tiene razón. Realmente no se Prudencia.

 
A la/s 03 abril, 2007 01:29, Blogger Prudencia dijo...

Yo tampoco sé, robertö. No será la primera vez que me equivoque. Pero en muchos de los casos que conozco, debajo de la sumisión hay picardía, hay cálculo y hay menos respeto del que se aparenta, o al menos, menos respeto de ese temeroso que es el que la sumisión sugiere. Y en el fondo me parece mucho más sano eso que la sumisión a secas. Claro, lo ideal sería un tipo de relacionamiento más igualitario y más sincero, pero seamos realistas...

 
A la/s 03 abril, 2007 09:40, Blogger Clementina dijo...

Seguimos con nuestras cosas siempre y cuando no nos crucemos con algún cajón de duraznos insolente o con algún bicho peludo de ocasión. Ahí volvemos, sin necesidad de prender este aparato.
Besos.

 
A la/s 03 abril, 2007 22:19, Blogger Robertö dijo...

je...Mi psicóloga con esto de que yo escribo seguido de mariposas y bichos peludos me parece que está queriendo enfilar en dirección directo hacia los tomates. Lo peor es que no la puedo atajar porque me va a decir.."ah..pero entonces lo pensó".

Es así Prudencia, de complicada la mente humana...

Saludos.

 
A la/s 04 abril, 2007 12:01, Blogger Prudencia dijo...

Lo que pasa es que uno a veces escribe cosas que con un poco de malicia se prestan a cada lectura... Igual, los psicólogos siempre encuentran la forma de agarrar para el lado de los tomates cuando a uno lo que le preocupa son, pongamos, los duraznos. No le digo que cambie de psicóloga porque va a ser lo mismo, viven pensando en esas cosas. Qué gente rara, ¿no?

 
A la/s 04 abril, 2007 20:10, Anonymous robertö dijo...

Antes era más sencillo porque uno iba a la iglesia y se confesaba.
Yo una vuelta me confesé, antes de la primera comunión (en mi caso la última también). El cura me miraba con cara de malo. Me parece que no me perdonó un carajo. Y eso que yo confesé toditas las diabluras que había hecho. Y no eran tantas, ni siquiera graves. Capáz que el tipo pensaba que yo le estaba escondiendo algún crímen. Vaya a saber.

 
A la/s 05 abril, 2007 00:46, Blogger Ceryle dijo...

Una vez en una isla del lago Titicaca conocí unos niños indígenas a los que habían educado para no pedir. Eso me lo explicaron después, cuando pregunté por qué todos los niños de la isla se acercaban en punta de pie a los turistas suplicando en un susurro "caramelo", "caramelo".

 
A la/s 05 abril, 2007 01:24, Anonymous Anto dijo...

En Rumania hay muchos niños que piden dinero, sobretodo en las grandes ciudades, hasta besan los coches, algunos tienen padres, algunos no. En Canada no veo ni niños, ni perros callejeros. Muchos adultos, y muchos jovenes que podrian trabajar. Algunos son amerindianos. Nunca niños. Vi a unas gitanas rumanas pidiendo dinero un par de veces con niños, el año pasado, en el centro de Montréal, pero desaparecieron, supongo se enterro la policia.

Imagino que si andras a Rumania podrias tener el mismo contacto como en Paraguay con algunos niños, en algun pueblo (a lo mejor podrian saber algo de espanol por las novelas que dan en la tele). Y no estarian indigenas. La gente de pueblo también observa mucho a los turistas urbanos, sin manifestarse.

En Mexico, Yucatan, noté un cierto orgullo en los mayas, vi muy pocos pidiendo dinero, y me quedé con una excelente impresion de esta gente trabajadora, que tiene una artesania maravillosa.

En breve, depende del pais, de la zona del pais...no solo el idioma o el color de la piel hacen la diferencia.

 
A la/s 05 abril, 2007 09:40, Anonymous Roβεrtö dijo...

Hola Ceryle y Anto.
Uno a veces tiene la sensación de que va arriba de un barco y que ve tanta gente naufragando alrededor que no le alcanzan las manos para ayudar. Y de golpe uno mira al capitán del barco y este fuma su pipa de brazos cruzados y te explica que el mundo funciona así y que todos en el barco no caben. Y dan ganas de empujarlo al agua con los naufragos. Para que entienda lo que se debe sentir, aunque sea por cinco minutos.

Anto: lindas las fotos de tu blog. En una hay una banderita de Uruguay sobre la mesa.

Felices Pascuas para todos los que suelen venir por acá. Aprecio mucho cada visita y cada pensamiento.

 
A la/s 05 abril, 2007 11:21, Blogger Lucy in the sky with diamonds dijo...

Yo tampoco creo en la casualidad. Sí, en la causalidades.
Coincio con Robert.
Me gustó mucho el post, realmente.
Lo noté diferente a los últimos, cambió creo el tono, (puede ser?).

 
A la/s 05 abril, 2007 16:25, Blogger Nachokhán dijo...

"...tardó unos instantes en descubrir que ricibir el dinero y conservar la mercancía era doble ganancia y se emocionó, sonriendo..."

Espero que eso no se le haga costumbre de querer tener ganancia doble siempre... A veces esta bueno que se luche por lo que se quiere, y que cada cosa cueste algo.

Che, que linda experiencia por otro lado. Muy copada!! Un abrazo, rober!!

 
A la/s 06 abril, 2007 21:18, Blogger basilia dijo...

a mi me gusta mucho la relación con su psicóloga, con las mariposas y con los bichos peludos. anímese, espántela, conmuévala, horrorícela y tal vez ya no la necesite más.
saludillos desde el horno

 
A la/s 09 abril, 2007 14:19, Blogger Annie dijo...

Antes le daba plata a los nenes que piden en la calle, pero hoy en día ya no.
Esto se debe a que estaba en la casa de una amiga, y tocaron timbre unos nenes para pedir comida o ropa. La mamá de mi amiga recién había cocinado dos tortas de chocolate, y le bajó una a los nenes. Mi amiga y yo bajamos con ella.
Cuando le dio la torta a un nene, él la tiró al piso, con cara de asco, y dijo "no me gusta el chocolate".

 
A la/s 09 abril, 2007 14:43, Blogger Lucy in the sky with diamonds dijo...

Qué vago que está Robert....
Very vago.
;)
Saludos.
Lucy.-

 
A la/s 09 abril, 2007 20:41, Blogger Robertö dijo...

Me reintegro de un periplo intenso. Voy a ver si puedo postear algo luego.

Lucy in te sky with diamonds: Yo tambien creo en la ley de causa y efecto. Hasta cuando las cosas no salen bien pasan por algo y lo que parece malo termina siendo una bendición. No hay que juzgar los acontecimientos y la gente (en lo posible).
Me alegro que le haya gustado, tengo muy presente sus comentarios anteriores y creame que no quiero forzar a que salga distinto. Los posteos salen como estoy por dentro. Y así está bien. Lo peor que puede pasar es que no guste lo que escribí y eso no significa nada.

NachoKahn: Hola Nacho. Es feo que un niño tenga que pedir, es feo tener que dar limosna. Lo que quise decir es que los niños me representaban un elemento de intercambio en un momento en que estaba bastante solo y descomunicado de la gente. Todos buscamos beneficios dobles y triples. Todos nos construimos un ego más o menos complejo. Y todos nos ponemos contentos cuando le damos de comer. Y cuando digo todos generalizo claro. Me alegro que te haya gustado. Un abrazo.

Basilia: :)
Que hace adentro de un horno??? salga m'hija!!! A ver si se chamusca. A ver cuando me termina ese mural del rinoceronte así lo luzco acá en el blog. ta?

Annie: bienvenida a rinocerontes.
A mi Annie muchas veces mis padres o algún pariente me regaló algo con mucho amor y tuve el desprecio de decirle que no me gustaba o que no lo iba a usar o mandé a la puta que lo parió a gente que daría sus ojos por mí. Quizás esos gurisitos no han recibido más que sopapos por parte de quienes los debieran cuidar y sin embargo los explotan. Nunca un juguete, ni un chocolate ni un te quiero. También tienen derecho a despreciar algo de alguien que les da una minúscula muestra de afecto. Estamos todos hechos de lo mismo. Aunque la desprecien, usted siga dando.Está bueno.

Lucy in the sky with diamonds: estoy very roto, necesitaría un par de días para recuperarme de estos últimos tres días de vacaciones. Tengo un posteo en la cabeza que es gigante y voy a ver si lo dosifico. Si puedo escribo más tarde. Como a todos, el día me queda very chiquito. Le mando un beso.

 
A la/s 10 abril, 2007 19:48, Blogger Annie dijo...

Tenés una gran capacidad para analizar las cosas!

 

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