Rinocerontes eran los de Antes

Evolution

domingo, octubre 28, 2007

Ahorro de palabras

Algunas veces no caigo bien



o se quería desayunar mi cámara (creo que no era personal).


(tengo fotos más estremecedoras de este ataque animal pero no las encuentro ahora)


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Mascotas de hotel en Buena Vista. Había amor ahí.

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Salamandra mirando a sus parientes X-Man en un restaurant de Villa Tunari.
Cuando me presté a tomar la foto, ella descansaba comodamente sobre la pelada de Xavier. Siempre llego tarde con las fotos, pero el cambio de cuadro no la desfavoreció tanto.

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Cucaracha Hulk. Grande como mi mano, cuando la vi arrastrando su pesado cuerpo por la carretera pensé que era un cascarudo y me tenté a tomarlo con mi mano. Cuando vi que era sospechosamente parecida a una cucaracha me dió asco y retraje mi mano. Ni bien sucede esto escucho el violento temblor del motor de un camión que se aproximaba y el insecto en lugar de huir despavorido percibió la vibración y se quedó inmóvil. Hubiera sido puré y la verdad ignoro como un insecto de estas características sobrevive en un lugar tan transitado. A lo mejor soporta los camiones sin problemas, pero no me quedé a ser testigo de ello.




Pensaba: la naturaleza es sabia, se imaginan que un monstruo semejante lograra las velocidades de vértigo de sus primas uruguayas? O si acaso tuviera un mínimo porcentaje de su atrevimiento y desparpajo? Puaj!!

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Esta pequeña hormiga es la más grande que vi en mi vida. No se cuanto medía, pero era más grande que la patrullera que había visto en cerro corá. Vive en la selva en un lugar turístico llamado "La jungla" cerca de Villa Tunari. Ella andaba explorando la selva y yo me agaché a tomarle la foto. Recordé a la menos expresiva hormiga paraguaya pero vi que esta era más veloz e impredecible y le pregunté al guía se picaba y creí escuchar que no pero luego me agregó que el dolor dura cuadro horas. Tenía mi dedo cerca suyo para referenciar el tamaño cuando dijo eso. Luego vi que había varias en la vuelta y no quise saber mucho.

Un par de días antes me había mordido una hormiga de mucho menor tamaño y me produjo un dolor acalambrante, que no duró más que unos dos o tres minutos. Me ayudó muchisimo para paliar el dolor recordar repetidas veces con voz altisonante a la reina de su homiguero. Muy dolorosa la picadura, realmente. Casi corro con la suerte del pobre Irving.



Andando por la jungla siendo una picadura fuerte en la mano, observo rápido y veo que sale volando una avispa de pronunciado abdómen. El bicho andaba al pedo por los aires y se le ocurrió picarme. Fue de lo más injusto porque no estaba haciendo nada inadecuado pero la selva tiene eso, también te pega sus golpes de alerta. Días atrás, cuando la gente que me ayuda en mi trabajo ingresaba a la fronda con machetes sentí ser una especie de gérmen, bacteria o virus que penetraba y hacía daño en un enorme organismo viviente. Sentí que este organismo tenía sus anticuerpos (pestes, víboras, arañas, etc) . La selva me hacía sentir su presencia a través de sus sensores y portavoces más sofisticados, los pájaros. Ella sabía de mi presencia, y también se que supo de mi respeto hacia ella. Supongo que la avispa fue algo así como un "no te olvides".



Hay que cuidar la selva. No nos queda mucha.



Ah, la hormiga esta de la foto se llama Tucandera. Ignoro por qué, no me supieron decir.





También en La Jungla, vi estas más pequeñas, comiendo un pescadito cerca de un curso de agua.

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Las criaturas salvajes y tímidas de la foto de abajo son las famosas vicuñas. Por fortuna para ellas están protegidas por la ley. Sabiamente, como si supieran, y como seguramente lo saben, que las leyes humanas están hechas para ser quebrantadas, ellas se alejan de la presencia humana. Estas de la foto son parte de una manada que pasta cerca de la ruta 1 en las inmediaciones de Oruro. Seguramente cerca de las cunetas encuentran la hierba más húmeda y mas tierna del altiplano. Pero se alejan irremediablemente cuando estacionás el vehículo para tomarles fotos. En la imagen puede verse como la más grande del grupo se dirigió hacia una elevación del terreno y se incorporó sobre ella. Pude observar como las otras estaban tan pendientes de la actitud de la vicuña líder como de los intrusos (nosotros). Cuando ésta entendió salir trotando las demás la siguieron de inmediato. Que bueno que los animales nos desconfíen. Evidentemente no somos de fiar.


Evidentemente no somos de fiar.

lunes, octubre 08, 2007

Sajama (parte II)

En el capítulo anterior yo me estaba debatiendo de angustia en un hospital, lejos de mi hogar y de mis contactos, mientras el médico me diagnosticaba edema pulmonar leve, fruto de la combinación del frío andino con al altura. Su gesto preocupado multiplicaba mi angustia. Me dijo que me notaba ansioso pero que en el hospital no tenían ansiolítico. También me dijo que sería bueno sacar una placa pero que hasta la mañana no era posible y que en caso que la cosa se complicara tampoco tenían ambulancia. Luego mientras me iban tomando la presión cada intervalos de unos veinte minutos y mi respiración comenzaba a normalizarse, viendo que ya el panorama estaba mejor me dijeron que podía irme para el hotel, pero que estuviera calentito. El hotel de Patacamaya, la verdad, no es muy acogedor. Me acosté con la campera (chamarra) y los pantalones puestos, apagué la luz y traté de dormirme. No pasaron diez segundos y mi respiración volvió a entrecortarse, el oxígeno me era insuficiente y la verdad, me sentí bastante indefenso y llamé al chofer que estaba en la habitación de al lado y le pedí que me llevara al hospital. Me interné para que me siguieran observando pensando que en caso que mis pulmones colapsaran al menos tendrían allí un balón de oxígeno para suministrarme. En el hospital me volvieron a tratar muy bien, me consiguieron una sala, me armaron una cama y me pusieron una estufa de cuarzo para calentar el ambiente. Los médicos que estaban de guardia me atendieron, me observaron un rato y me dijeron que si me sentía mal que tocara el timbre y que ellos acudirían al instante porque estaban ahí al lado. Supe, leyendo sus miradas, que no mentían y eso me tranquilizó bastante. No pude pegar un ojo en toda la noche porque realmente me asustaba pensar que mis pulmones podrían fallar mientras dormía, no se por que mecanismo mental uno prefiere que sus pulmones fallen estando despierto. El hecho es que por momentos pestañaba y me despertaba asustado pegando una bocanada de aire porque el aire inspirado automáticamente durante el sueño me era insuficiente. Tapado completamente, mantenía mi mano izquierda aferrada a mi teléfono celular, como si fuera el elemento de contacto con mi mundo y mis afectos. Confieso que también pensé globlamente en la gente que a veces pasa por aquí y en si finalmente podría escribir algo así como lo que estoy escribiendo ahora. Pensé en llamar a mis padres, pero la incertidumbre de como reaccionarían mis pulmones en el futuro, me hizo rechazar la idea. Tenía miedo, no quería preocupar a mis seres queridos y en el estado que me encontraba mi mente eligió que si mi organismo fallaba me iría sin despedirme (la lógica del miedo) para no asustar y hacer sentir impotencia a nadie. Finalmente me dormí.

Al otro día me trajeron un café y un pan y la verdad estaba un poco más repuesto y me quería ir a La Paz para ponerme en contacto con mi seguro médico y obtener una segunda opinión. Pensaba en volver a mi país y dejar el trabajo inconcluso, sentía mi corazón débil y eso me hacía desconfiar de mis posibilidades poder seguir avanzando hacia las alturas de la frontera con Chile realizando mi tarea. Pensé que la montaña ni siquiera me había dado su mejor golpe, que apenas me había dado un pequeño moquete que me había dejado casi fuera de combate. Imaginé que si seguía avanzando, el segundo golpe iba a ser mortal sin ninguna duda.

Me hicieron una placa, la vieron como cuatro médicos diferentes y no me quedó muy claro el panorama, veían cosas, pero por otro lado ya no detectaban la presencia de líquido en mi pulmón derecho. Me despedí del médico que me trató originalmente y me dirigí con él a pagar la internación y los medicamentos a la caja. En la sala de espera había un niño que miraba para abajo. Hacía artesanías. Me mostró las que tenía ahí y una me encantó, se la compré para tenerla en mi escritorio y recordar siempre ese momento. "Soy escorpión" le dije al niño-muchacho. Se rió. Le di los cinco bolivianos que me dijo que valía su obra y el médico acotó con una sonrisa "ya viste? mañana tienes para matar el hambre". Yo entristecí.



Me voy para La Paz, me sentía débil, como si fuera un anciano de más de cien años al que cada movimiento le costara un esfuerzo colosal.
Ya instalado en el hotel me fue a ver el médico del seguro y me tranquilizó respecto al diagnóstico inicial. "Si tuviera edema pulmonar de altura no estaría aquí hablando conmigo". Me dijo que tenía mal de altura y que tenía que hacer reposo y tomar los sorojchipills, la única medicina para contrarrestar los efectos provocados por la diferencia de altura con mi medio habitual. Me mostró la placa que me habían sacado en Patacamaya, me explicó lo que era cada sombra y me explicó que mi corazón, por el esfuerzo de la adaptación, estaba de un tamaño muchísimo mayor que el habitual, lo cual era perfectamente normal. Yo seguía pensando en que no podría hacer mi trabajo en la ruta y que tendría que buscar a alguien que lo hiciera por mí. Decidí que en tanto, si me reponía, podría trabajar en el llano y dejar la parte de altura para que la hiciera gente del lugar.

Conforme fueron pasando los días me fuí aclimatando, aunque cada vez que pensaba que lo estaba siempre me sorprendía despertandome con falta de aire. Pasé varias noches mal pero el hecho de no angustiarme y tomarlo como algo común me ayudó enormemente. A la larga terminaba durmiendome y despertando al otro día.
El trabajo fue evolucionando desde lo bajo hasta las partes más altas y finalmente comencé en la parte donde había dejado rumbo a la frontera con Chile y ya con colaboradores y no trabajando solo fui convenciendome que era posible hacerlo y que ya la montaña no me daría aquel temido segundo y mortal golpe.
Días después, realizando mi tarea, en determinado momento, parado en plena ruta anotando algo en una planilla con mi rostro orientado hacia abajo, siento un fuerte viendo que me da en la cara, acompañado de un sonido extraño, una suerte de lenguaje en forma de murmullo, que me hizo levantar la mirada rápidamente, sorprendido, para ver de que se trataba. Lo que ví fue la figura imponente del Sajama, lo tenía enfrente y no él no hizo otra cosa de hacerme saber que yo ya estaba en sus dominios y que me tenía a su alcance.


No sentí temor, ya mi corazón estaba fuerte y eso daba sustento a mi determinación. En cierto modo asumí que realmente estaba en sus dominios, en los que Sajama se eleva con sus más de seis kilómetros metros por encima de todo lo que lo rodea. Mientras sentía su murmullo que me pegaba en el rostro comprendí que el estaba allí cuando nosotros aún no habíamos bajado de los árboles y ahí mismo continuaría erigiéndose eternamente aún mucho después que los humanos corrompieramos y destruyeramos este mundo. Me sentí su amigo y protegido y luego, desde el auto comencé a estudiar las múltiples caras que se forman con las sombras en las ladera que se ve desde el lado boliviano. Me habían dicho que se ve el rostro de un anciano. Yo vi muchos rostros. El más nítido se ve en la parte central en esta foto es un rostro redondo, de ojos grandes y boca pequeña, la imágen se parece mucho al ET de Spielberg, se parece mucho a los "grises" de la mitología moderna. Vi otras caras pero ninguna tan clara como esa (si agrandan la imagen creo que van a poder ver el rostro del que escribo).



La imagen del Sajama me cautivaba. Lo estudiaba, lo analizaba, leía sus formas y mentalmente le hablaba. En medio de esta comuncación un pensamiento propio me llegó en forma de mensaje.

"Aunque te pasen cosas que parezcan malas finalmente siempre siempre serán buenas".

No dejé durante ninguno de los días en que su presencia se elevaba en el horizonte, de sentir que Sajama sabía que yo estaba allí y sabía que lo reverenciaba. Ya en el hotel comencé a indagar el por qué de su nombre. La chica del hotel, en Curahuara de Carangas (Estrella de Oro de los pueblos) me dijo que no sabía, pero que "sarjama" en aymará significaba "vete de aquí" , "andáte" y que seguramente ese era su significado. Me sorprendí y descreí que hubiera existido una entidad capaz de decirle "andáte" a semejante y tan majestuosa montaña.

Días después, en La Paz, con acceso a internet busco en google la leyenda del Sajama y verifico que lo que la chica dijo era cierto, del aymara "sarjama" proviene su nombre. Y mejor que yo cuente la historia prefiero transcribirla, junto con la fuente de donde la tomé.

"Cuenta esta leyenda que Wirakocha, dios supremo, decidió que cuatro soberanos reinarían en paz en la cordillera; sin embargo, la arrogancia y el ansía de poder hizo que uno de ellos se enfrentara a sus compañeros en un combate apoteósico que duró un milenio. Harto del conflicto, Wirakocha envió a Thunupa, la figura de la justicia y el equilibrio, para que pusiera orden. Después de escuchar la explicación de los cuatro guerreros, Thunupa dictaminó: “Sólo tres conductores tendrán señorío en la cordillera. El Señor de Luz será de hoy en adelante Illampu, el centelleante; el Señor de Agua se nombrará Illimani, el resplandeciente, y el señor de Piedra se convertirá en Wayna Potosí, el joven bramador”. Luego cogiendo su honda divina, puso en ella un pedrusco de oro y al tiempo de lanzarlo zumbando por el cielo en dirección a Huayra Apu o Señor del Aire, dijo: “Rebelde fuiste, solitario quedarás y menguado en poderío. Truncaré tu insolencia y tu estatura: serás partido en dos. ¡Sarjama! (vete) dijo Thunupa. Tú eres el Alejado, Sajama te nombro en memoria de tu estupenda rebeldía”. Y así, la montaña descabezada se convirtió en el Mururata y la gran roca que fuera su cabeza es el nevado Sajama."

http://www.lostiempos.com/oh/16-07-06/actualidad.php

Hoy fui a pasear a Tiwanaco, una cultura preincaica llena de misterios y maravillas. Cuando la chica local que me guiaba me mostró la puerta del sol, con la figura central de Wiracocha, recordé esta imágen y le conté la leyenda que había leído el día anterior de Sajama y que no podía entender como alguien pudo expulsarlo de alguna parte. Y señalando la imagen ,deteriorada por los siglos, sobre la roca le dije "Fue él". Sonrió.





domingo, octubre 07, 2007

Sajama

Supongo que en la escuela o los primeros años del liceo alguna vez habré leído que era el pico más alto de Bolivia, o no, ya no lo recuerdo. Lo cierto es que me dijeron que tenía que ir allí, por la ruta que llega hasta Chile y pasar cerca del volcán extinto, con sus 6542 metros de altura.
Como las tareas que tengo que hacer exigen algo de sacrificio físico comencé el trayecto hacia la frontera con Chile una semana después de haber llegado a La Paz, para estar mejor inmunizado contra la falta de oxígeno que hay en las alturas. No tuve fortuna, el primer día de trabajo en la ruta, al terminar comencé a sentirme mal y le pedí a mi acompañante que me llevara directo a ver un médico en el pueblo donde hacíamos base, Patacamaya (100 muertos en aymará, referido a alguna batalla que se dió en ese lugar). Al llegar me enviaron directo al hospital, lo que yo sentía era una presión no muy pronunciada pero inusual en el pecho y atribuí el tema a un posible infarto. Me asusté bastante y esperaba que en el hospital me dijeran que todo era un problema por la altura y que mi corazón estaba bien. Deseaba eso.
Durante ese día pasamos de un calor sofocante a un frío que bajaba en forma de viento desde la cordillera que era realmente crudo. Nunca fui testigo de un cambio de temperatura tan abrupto.
Al llegar al hospital, rápidamente un par de doctores me comienzan a auscultar. No encontraron daños en mi corazón, la presión un poco alta y el médico detectó un ruido en los pulmones. Presencia de fluído. La cara seria del médico más experimentado delataba preocupación, yo tenía la respiración entrecortada y sentía esa presión en el pecho que me seguía preocupando.
El médico me dijo que me notaba con un cuadro de ansiedad pero que no tenía ansiolítico para darme, me dio un diurético para ir drenando líquidos retenidos y me pinchó una nalga con complejo B y me dió un analgésico también. Lo fundamental es que estuvieron los dos médicos conmigo durante más de una hora dandome charla y calmandome.

(continúa)

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