Rinocerontes eran los de Antes

Evolution

jueves, noviembre 29, 2007

Ahogándose en el vaso de agua medio vacío

Fuimos a cenar con un compañero en Santa Cruz, yo estaba lleno aún del almuerzo así es que pedí una ensalada de frutas. Mi compañero pidió solamente unos aros de cebolla. Yo me pedí un balón enorme de cerveza y como no comía desde el mediodía ya me comenzaba a hacer algún efecto. Soy un inculto alcohólico. En eso llega una chica, diferente de la que nos había tomado la orden y me espeta que no hay ensalada de frutas y literalmente huye de la mesa. Yo me quedé con la boca abierta esperando alguna alternativa. A los cinco minutos(yo ya casi veía doble a esas alturas) viene la chica a la que le ordenamos y nos trae las cebollas y el ticket para que abonemos en caja. Mi compañero le explica que no le interesa comer las cebollas si no habían tomado mi orden. Entonces la chica nos dice que ya están ordenadas y que las tenemos que pagar. Le decimos que de ninguna manera. Nos replíca que cuando vino la otra chica a decirme que no había lo que yo pedí no le ordenamos nada. Le contamos amablemente que la chica dijo que no había ensalada de frutas y se fue corriendo. Nos dice que está bien, que nos llevemos los aros de cebolla si no queremos consumirlos ahí pero que los paguemos. Le explicamos que eso no está bien, que solo tiene que ir donde su supervisora y explicarle que nosotros no queremos que uno coma y el otro no y que nos terminamos la cerveza, pagamos y nos vamos. Nos vuelve a explicar, ya con algo de desesperación, que la orden ya ingresó a la computadora y que no hay nada que hacerle, a lo que le respondo que no vamos a pagar por las cebollas que no pensamos comer y que le diga eso a su supervisora sin ningún enojo ni reproche. Nos dice que su jefa se enojará con ella por equivocarse y se va con lágrimas en los ojos. El lugar era muy bonito en una zona muy linda. Desde lejos mi compañero ve que la supervisora le palmea la espalda a la chica y le devuelve nuestro ticket donde estaban tachadas las cebollas fritas. Le digo a mi compañero que tenía la sensación de que se había ahogado en un vaso de agua.

*

Al otro día, en Buena Vista a unos 100 km de Santa Cruz, fuimos a la ciudad porque había una fiesta y quizás aprovecharíamos a comer allí, aunque salimos con la intención de volver al hotel a comer porque nos habían dicho que habría boufette. Y teníamos ganas.
Como había llovido la fiesta en la plaza principal no era muy concurrida por lo que decidimos luego de un rato volver al hotel. Buscamos un taxi y luego de un rato apareció uno. No conocía el hotel pero accedió a llevarnos. Noté que no con muchas ganas. Nosotros eramos tres, yo el forastero al lado del chofer. Ni bien salimos de la plaza principal nos pregunta que si llevamos apuro porque quería pasar por su casa. Le decimos en coro que tenemos hambre y que la cena se sirve hasta las diez en el hotel (o sea, nos negamos a su pedido). Nos vuelve a decir que si no nos parecía mal el pasaba por su casa un minuto que era de pasada (yo tengo experiencias cuantiosas respecto a los minutos y ahoritas bolivianos). Nos volvímos a negar esta vez con mayor énfasis. El conductor quedó cortado uno segundos, gira noventa grados y dice "Yo voy a pasar por mi casa". Instintivamente lancé una carcajada por la forma en que lo dijo. En otras condiciones me hubiera preocupado, el panorama por donde transitábamos era lúgubre. Entonces para no amargarme digo en voz alta, "tengo una idea. PASEMOS POR SU CASA!".
Llegamos a una zona muy oscura y llena de árboles. El tipo toca bocina y comienzan a salir sus familiares. Abre la puerta de atrás del auto y los mete adentro, en la parte donde se llevan los bultos. Y seguimos el viaje hacia el hotel.
Llegamos al hotel muertos de hambre, entramos al comedor y vemos que el mozo está armando las bandejas del bufett y le preguntamos si ya podíamos servirnos. Nos dijo que no, que ese boufette lo había engargado un grupo de gente y que nosotros debíamos comer la carta. Le explicamos que no queríamos comer a la carta sino el bufett y nos dijo que no era posible dando la misma razón. Le dijimos que el recepcionista no nos había mencionado nada que el boufette era privado y que nos dijo que era la cena de hoy y luego nos lo corroboraron las chicas de la cocina cuando fuimos a ver como era el comedor. Puso cara de enojado y nos dijo de mal modo que con el no había hablado nadie. Mis compañeros se iban a quedar discutiendo, yo di media vuelta y me fui directo a hablar con el encargado. Me siguieron. Pregunto al recepcionista por quien es el encargado. Pregunta que que nos pasó y le explico bastante irritado la negativa a servinos lo que nos habían dicho que había de cena. El chico levanta el tubo y le explica al mozo pero noté que del otro lado lo mandaron a freír esparragos. Me dice lo que nos dijo 3 veces el mozo, que el bufett era privado. Seguimos protestando y llega una señora a dar la cara. Le digo si siempre trantan así de mal la gente me dice que no estuvo bien lo que sucedió, pero que podemos ordenar a la carta (enésima vez). Le decimos que no, de ninguna manera. Nos explica una vez más que la gente esta había encargado el bufett y que no podíamos servinos pero que dada la situación podríamos entrar luego de ellos y comer. Uno de mis compañeros saltó hasta el techo de la rabia y le dice si se da cuenta de lo que nos está diciendo, que poco menos tendríamos que entrar después a comer las sobras que dejara la otra gente. Ella se da cuenta del error y maquilla la situación diciendo que podríamos entrar "al mismo tiempo". La verdad nos fuimos bastante amargados hacia las habitaciones. Al poco rato, viendo en perspectiva el problema me di cuenta del estrecho horizonte y la escasa capacidad de resolver situaciones imprevistas y dejé de sentir bronca hacia el mozo para sentir mucha pena. Les hice ver eso a mis compañeros para hacerles ver que no se ganaría más que disgustarse no darse cuenta de esa situación. Nos llamaron luego para avisarnos que podíamos pasar a comer. Fuimos, no teníamos opción y yo la verdad prefería irme a dormir sin comer antes que pedir a alguien de tan malos modos que me traiga un plato de comida de una cocina que no veo. El mozo nos sirvió las bebidas y nos atendió con una actitud diferente a nuestro primer encuentro. Noté que estaba avergonzado. Lo tratamos como si no hubiera pasado nada.
Para colmo el bufett era muy poco variado, nada del otro mundo.
Le recorde a mis compañeros la situación del día anterior y la falta de capacidad para resolver imprevistos. En ambos casos bastaba solamente decir, "espere un momentito que voy a consultar". No es pecado no saber. En fin.

domingo, noviembre 18, 2007

Jochis, curiosidades y gaviotas. También el Pastor de Alpacas

Esa alcantarilla, genera un estanque de agua que a su vez produce un lugar de esparcimiento y turismo en la densa selva oriental de Bolivia. Dado que la jungla no es muy hospitalaria este lugar es uno de los pocos donde se puede observar gente descansando o divirtiéndose. En las adyacencias de la alcantarilla y su estanque se han construido un par de hoteles, muy cómodos y bonitos comparados con los de las zonas menos turísticas.

Las variantes gastronómicas en la zona pasan por comer pescado (surubí o pacú) o algún mamífero de mediano o gran tamaño. Entre ellos abundaba mucho la oferta de Jochi, que me dijeron que era un roedor de relativamente gran tamaño. Supuse que era una especie de carpincho pequeño pero visto lo que encontré en google supongo que es un pariente cercano de la nutria que habita en esta parte del continente (el Río de la Plata). La carne es rica, muy parecida al cerdo, pero dado que solamente lo sirven frito no es algo que se pudiera comer con frecuencia porque era extraordinariamente pesado de digerir. Yo probé solo un poco un día y abandoné el frito para siempre.

Por algún motivo, el nombre de este roedor nos cayó bastante simpático y comenzamos a asignarle ese nombre a prácticamente cada cosa que se moviera, seres humanos incluídos.
En una ocasión nos encontramos con unos niños que jugaban al borde de un arroyo. Habían capturado un extraño pez (me dicen mis sobrinos aquí en Montevideo que es una vieja del agua) y nos lo querían vender. Les explicamos que no nos interesaba y la verdad es que ellos no sabían que hacer con él. Como no sabían de que especie se trataba les bromeé que quizás era un jochi de río. Y le dije a uno de los chicos más pequeños y simpáticos que por que no lo echaba de nuevo al agua y mediante gestos, exagerando mucho extendiendo los brazos, le dije que una vez que se pusiera gigante podría volverlo a atrapar.



El engaño funcionó a juzgar por la atención y sorpresa con que me miraba el niño y se entusiasmó con devolverlo al agua antes que muriera. Convidamos a los niños con galletitas y a éste más pequeño, el dueño de la presa, lo bautizamos jochi ya que nos devolvía siempre una sonrisa sumamente agradable cuando lo llamabamos de este modo. Me llamó la atención la educación con que estos niños, que viven practicamente en el márgen de la selva ,agradecieron nuestras galletitas. Me dio la impresión que los niños venían de su escuela cuando los encontramos por la ruta y poco a poco mientras nosotros avanzabamos haciendo nuestro trabajo ellos iban entrando en los caminos a las viviendas que se internaban en la vegetación.



No hay muchos seres vivos que te devuelvan una sonrisa tan genuina cuando amistosamente lo llamas jochi. La verdad es que cuesta creer que los cachorros de hombre, como los llamaba Horacio Quiroga puedan transformarse potencialmente en esas personas horribles que gobiernan el destino del mundo, o en el peor de los casos en personas inseguras y feas como las que hacemos muy poco o nada por cambiar las cosas.

Eso me recuerda algo que quiero contar sobre el futuro de la selva, y será mediante un post que quiero escribir en los próximos días.

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No pensé encontrarme con gaviotas surcando el cielo boliviano. Supongo que presagian la salida al mar. Esto es en la frontera con Chile y el mar no es tan lejano.




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En Curahuara de Carangas, en el hotel, nos prepararon para desayunar tortafritas (allí les llaman buñuelos). Si bien las fríen en aceite y no en grasa vacuna como en Uruguay (claro, allí casi no hay vacas y los únicos animales domésticos son los camélidos y las mulas), son realmente muy ricas.


Para pelear contra el frío tomamos una bebida tradicional llamada api, que se produce a partir del maíz molido. Una especie de café de maíz. No es tan rica como el café, pero le viene bien al organismo. Los buñuelos tienen cinco agujeros y no uno como en Uruguay. A propósito, mucho se ha escrito sobre la función que posee este agujero central de la torta frita uruguaya, yo realmente lo desconozco, cuando pregunté por la función de los agujeros en los buñuelos bolivianos la respuesta fue inmediata. Es para pescarlas con el gancho del aceite hirviendo.
La verdad es que yo no hice tortafritas más que una o dos veces en mi vida. Supongo que se nota.



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Volviendo al hotel de Curahuara, luego de una jornada de trabajo nos detuvimos cuando una procesión de alpacas cruzaba la carretera. Naturalmente tomamos este alto en el camino con curiosidad y alegría y comenzamos a tomar fotos de los animales.


Corriendo detrás del rebaño y un tanto alarmado al ver cuatro grandulones extraños tomando fotografías de sus alpacas llegó hasta cerca nuestro un pequeño de unos doce años. Nos miraba de lejos y con desconfianza.
-Son tuyas? -pregunto para romper el hielo. El niño asiente con un gesto.
Y cuantas tienes? -insisto
-60 -me contesta. Y 50 ovejas. Quedó observándome en silencio esperando la siguiente pregunta, ante lo cual le pregunto si quería que le tomara una fotografía. El rostro del niño se iluminó, su sonrisa se extendió y dejando ver su dentadura completa salió rápidamente a entreverarse entre sus animales. Las alpacas que eran desconfiadas con nosotros y sobre todo con el grandote de la foto, que portaba vestimentas alegóricas a sus parientas esquiladas, y no terminaba de caerles simpático, recibieron entre ellas al pequeño pastor sin el menor temor.



El niño buscó ofrecer la foto del siglo e intentó treparse en el lomo de uno de sus animales y se dejó fotografiar mientras el animal, asustado, comenzaba un lento trote para alejarse de tanta gente rara. El niño, radiante, una vez tomada la foto salió corriendo velozmente hacia el horizonte, donde se encontraba una modesta vivienda a los pies de una colina, a la cual seguramente retornaba aquella tardecita, luego de un día más de trabajo. Ni siquiera imaginó que podía ver su imagen y la de sus animales. Simplemente se marchó. Le bastó saber que era motivo de ser registrado en un aparatito para ser felíz por un tiempo. Carajo!... qué lindo es ser niño!... no puedo entender por que uno tiene que dejar de serlo.


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Nada, acabo de ver que alguien de México, supongo que otro niño, llegó a esta página preguntando en google que se puede hacer para que no se extingan los rinocerontes. Parece ser que ahora google es el depositario de nuestras inquietudes más profundas como lo era comúnmente para quienes fuimos niños en los 70's hablar a solas con un Dios anciano, canoso y arrugado, cada vez que nos enviaban a la cama y una pregunta que no tenía respuesta nos perturbaba. No era todavía la norma tener una televisión en el dormitorio, ni mucho menos dibujos animados nauseabundos las 24 horas, que nos desconectaran de la curiosidad que nos proporciona el universo que habitamos. Cuando uno sabe que existe al menos un niño que se preocupa y se formula esas preguntas siente al menos que no todo está perdido.
Y no se bien como se hace para que los rinocerontes no se extingan. Entonces escribo.

sábado, noviembre 17, 2007

Ríos, arañas y jochis


Siempre tuve la imágen de un río como de algo contínuo, de flujo eterno y persistente. Me sorprendió ver puentes secos por todos lados y saber, que en las zonas altas, los ríos solo están en temporada de lluvia, donde el agua baja con enorme potencia desde lo alto y arrastrando todo aquello que osa estar a su paso. En la foto de abajo pueden observar como la gente del lugar aprovecha los regalos que arrastra el río y acumula en un camión los cantos rodados que luego serán usados para la construcción.



Una vez bajamos a curiosear en unos de esos ríos casi secos en la época del año en que estabamos. Prácticamente no observé vida en ellos, al menos no en las zonas bajas por donde generalmente pasan los caminos por los que transité. Me sorprendió ver esta pequeña araña habitando entre los cantos rodados del fondo del río, seguramente expectante de encontrar alguna cría pequeña de pez con la cual alimentarse.



Ni bien comienzo a buscar el mejor ángulo para sacarle una foto a esta rara especie, ella se siente amenazada y literalmente sale corriendo por la superficie del agua a gran velocidad. Fue imposible tomarle una foto y también lo fue volver a encontrarla ya mimetizada entre millones de rocas oblongas adherida a la superficie de una de ellas. La velocidad con que surcó el agua me recordó a los cuentos de los ninjas. Registro en mi mente el ágil salto que dió el animal hacia el agua y la reacción elástica de la superficie. La araña se movió con gran velocidad conciente de que tan sólo por un instante el agua tiene la delicadeza de no devorarla. La primer imágen que asoció mi mente es a los rápidos movimientos de los ninjas de las películas, a quienes se les atribuye esa habilidad de correr sobre las aguas. No supe más de la araña, que se escabulló y escondió con la habilidad de estos guerreros de la noche, seguramente inspirados en animalitos como este que yo acababa de ver para perfeccionar sus habilidades para la supervivencia.
Rato después, caminando entre los cantos rodados y las más escasas superficies de lodo y arena del fondo con mis compañeros de ruta, sucedió que uno de ellos, se entierra abruptamente hasta su ingle en el lecho del río. La situación nos causó la gracia del caso porque a los pocos segundos se enterró un segundo compañero. A veces lo que no mata causa gracia, no se bien por qué.
Desde unos metros más lejos se me viene a la mente la araña que caminó sobre el agua, me vino a la mente "Kung Fu" caminando sobre el papel de arroz en su exámen para monje Shao Lin y el viejo principio hermético de que todo es la mente. Y luego de ayudarlos a salir del atolladero les dije que yo podría caminar tranquilamente por ese mismo sitio simplemente ayudado por mi mente. Me siguieron la broma, desconociendo que en mi broma existía la expectativa real de lograr pasar por ahí sin enterrarme. Me concentré imaginando que no tenía peso y sucedió que pasé por ese sitio y sus adyacencias como si caminara por un piso de arena firme de cualquier playa montevideana.


Realmente me sorprendí tanto como ellos y me reí comparandome con Kung Fu y dándoles la clase de que todo estaba en la mente y que por eso ellos habían quedado ahí atrapados. Me distraje con eso y nos divertimos unos segundos. Pero más nos divertimos cuando Kung Fu se enterró hasta la ingle.


Mi mente racional me indica que seguramente el suelo fue consolidado previamente con el peso de mis compañeros y expulsó un gran volúmen de agua y aire de los granos de arena del fondo cuando mis amigos se enterraron. Pero mi corazón me decía que me hundí porque me distraje, porque no tuve fe. Quien tiene la razón, esa es la cuestión. Todos sabemos la razón, pero muchas veces no nos damos cuenta. Mis amigos se reían cuando yo afirmaba desde el barro que perdí el pie por haber perdido la atención. Yo sostengo que si una araña puede caminar sobre las aguas, entonces un rinoceronte también lo puede hacer. Se lo discuto a cualquiera. La diferencia es que la araña no lo dudó un instante.

***

De los jochis hablo en otro momento.

sábado, noviembre 10, 2007

Capturador de momentos


Cuidado



Sigan leyendo nomás. Vayan despacio.

miércoles, noviembre 07, 2007

Formas de Bolivia

Bajando desde el Sajama hacia el lado de Patacamaya puede observarse desde la ruta una especie de bosque eterno de rocas alargadas, trabajadas por el tiempo y los elementos como si fueran artesanos misteriosos de un universo muy antiguo. El bosque se aleja unos diez o quince kilómetros rumbo al horizonte y solamente tomamos algunas fotos de las rocas que se encontraban en una franja no mayor de 50 metros hacia cada lado de la ruta. A lo lejos, en ese mar de rocas vivientes se encuentra una Bolivia desconocida, quizás vírgen aún.



Comenzamos viendo estos rostros



De lejos rinoceronte



batracios...


Ahí vi un elefante



Clan de perros siberianos



Rey León


El Infante


Una lechuza


Par de aves marcianas centinelas del desierto



Un cíclope


...


y otro...

martes, noviembre 06, 2007

Sin ruido







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