Rinocerontes eran los de Antes

Evolution

domingo, noviembre 23, 2008

Cuentos de loros, de locura y de muerte


Este es el Pepo. El último lugar donde se lo vió fue en un monte de eucapliptus volando libremente con una bandada de cotorras. Yo se lo regalé a unos amigos porque con su mirada resignada y triste me hacía sentir que no debía estar enjaulado como los canarios. Estos amigos tenían otro inseparable de Fischer (esa es la raza) y lo soltaban en el fondo, donde tenía un arbolito con nido propio. Ni bien lo sacaron de la bolsa voló hasta su igual. Meses después murió accidentalmente su pareja atropellado por el enorme mastín de esta familia. (Pepo siempre tuvo espíritu salvaje y desconfiado, mi hermano lo atrapó cuando también se había unido a un grupo de cotorras que habitaban el parque de Villa Biarritz en Montevideo. Un veterinario amigo le comentó luego que se lo habìa vendido a alguien del barrio que después le dijo que lo soltó porque tenía un canto muy estridente). Al tiempo, durante el veraneo Pepo comenzó a frecuentar a las cotorras del monte, el vivía suelto con esta familia, y durante la estancia en el balneario eso no cambió, nunca se iba lejos. Con el correr de los días socializaba con sus pares, cada vez más tiempo y siempre bajaba de los árboles a la hora del almuerzo a estar con mis amigos y comer su comida. Al tiempo ya dejó de bajar.

Estoy seguro que se acuerda bien de mí. La primera vez que lo agarré cuando me lo trajo mi hermano; me picó con una fuerza que casi me saltan las lágrimas. La última vez que lo agarré fue para meterlo en una bolsa de papel para darselo a estos amigos. El no me mordía, esa vez, ansioso, me rascaba suavemente con su pico.

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Este loro Yaco (especie originaria de Africa) de la foto no las tiene todas consigo. Esta bajo tratamiento por depresión. Sucedió que su dueño falleció y desde hace meses el loro está triste sin comprender por que su amo desapareció. Le están suministrando antidepresivos y aparentemente reacciona favorablemente. Los loros son sociables por excelencia, en general andan en parejas con las que comparten toda la vida. Cuando conviven con humanos se apegan a uno en particular y por lo general son muy celosos respecto a esa persona.

Este tipo de guacamayo es originario de Africa, buscando sobre esta especie, encontré una nota sorprendente sobre su capacidad de aprender. Pulsar aquí si tienen ganas de leer la nota.

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A veces nos preguntamos cual es el animal más inteligente de todos. Depende de que tipo de inteligencia. Al igual que es difícil determinar entre varias personas que desarrollan habilidades diferentes cual es la más inteligente, pasa igual entre los animales.



He visto pulpos, sepias, loros y ardillas resolviendo ejercicios complicados. Los grandes simios parecen tener ventajas pero los delfines los superan en algunos aspectos. Y los perros y los gatos en muchos casos podrían competir seriamente con estos animales.

Van dos resoluciones de problemas por animales que me han impresionado mucho:

Vean este cuervo.
O este otro

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Hoy mi madre me acercó unas fotos viejas que tenía separadas para que yo las tuviera en caso que algo le ocurriera. Me transportaron tres décadas atrás (más bien cuatro).



Esa es Diana, mi primer mascota. Me vió nacer. A juzgar por mi tamaño debo tener un par de años ahí, tal vez tres. El primer recuerdo que me vino a la mente de Diana fue el del día que murió. Yo miraba televisiòn en el cuarto de mis padres. Creo que mi hermano estaba allí conmigo. Salió disparado, cuando escuchamos que mi madre decía algo de "Diana" y "se quedó muerta durmiendo". Recuerdo que yo me quedé un buen rato pensando que no podía ser eso que yo había escuchado. Cuando llegué, un minuto después, no más, la vi durmiendo como lo hacía siempre, en su mantita en el garage. No sé que hacían mi hermano y mi madre parados, yo simplemente la llamé porque sabía que abriría los ojos y vendría hasta mí. Solamente la llame una vez. Se me hizo un nudo en la garganta y me fui corriendo a mi cuarto. Estoy seguro que sollozé un rato sobre mi cama. Era el primer contacto con la muerte. Salí al rato. Ví como mis hermanos, que ya estaban grandes la cargaban para enterrarla junto al eucaliptus del fondo. Recordando todo esto me acabo de dar cuenta que no volvimos a tener un perro hasta Luli, la labradora que se nos murió hace un par de años. Fueron casi 20 años sin perro. Después de Luli no tardé más de una semana en traer a Gaia. Mis padres ya están mayores y un perro los distrae y los ocupa. Los hace sentir queridos y también es un ser que les permite a ellos querer. Y les hace bien. A todos.

Todo eso por las fotos que me acercó mi madre. Se quedó un rato viéndolas conmigo y se fue. Creo que estaba esperando un abrazo, era lo mínimo luego de darme esas fotos.
Alguna otra la voy a subir en algún momento próximo. Le tendría que haber dado un abrazo.

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Acabo de recordar que me habían pedido alguna segunda parte de la gatita nueva, Simona, y Gaia. Simona viene con mis sobrinos y se ve con Gaia los fines de semana. Se están acostumbrando la una a la otra y se llevan bien. Simona es más independiente, Gaia más cargosa.
Pero se entienden.




domingo, noviembre 09, 2008

Como perro y gato










martes, noviembre 04, 2008

Cosas que pasan

Hace unas cuantas semanas fui a pagar la tarjeta de crédito. Me acerco al mostrador para pedir que me imprimieran un estado de cuenta porque aun no había llegado el mío a mi casa y la señora que me atiende, gentilmente me imprime uno y luego comienza a llamarme por mi nombre de pila y a comunicarme que tenía para ofrecerme un seguro de vida por muerte accidental que me lo debitarían directamente, mes a mes, de la tarjeta. Comenzó a explicarme, con una enorme sonrisa dibujada en el rostro, en que consistía y no dejaba de mencionar mi nombre, comenzaba cada frase haciéndome saber que estaba pendiente de conocer mi nombre y mencionarmelo a cada rato para que yo me sintiera regocijado de que supiera mi nombre y me lo hiciera saber.En determinado momento, cuando solo tenía que decir que estaba de acuerdo, para que por fin se callara la boca, le dije, correspondiendo su sonrisa, que "está bien, dame algún folleto y lo voy a pensar tranquilo". Automáticamente su gran sonrisa se borró de su cara en un instante y dejó de llamarme Roberto a cada rato. Con expresión seria dobló un par folletos y me los entregó solemnemente. Saludé y me fuí a la caja a pagar. La cajera no tenía mucho interés en saber como me llamaba ni mucho menos en hacerme saber que conocía mi nombre, solo le interesaba que yo hiciera lo mío de una vez, que todos los que irían ese día lo hicieran e irse a estar tranquila a su casa. Al menos a mí me pasa igual muchas veces.

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Hoy me compré unos lentes de sol. El sol está cada vez enviando radiaciones más potentes y la atmósfera está cada vez más débil. La verdad es que me salieron un dineral. Cuando iba de la óptica al trabajo en el ómnibus se sube un cantor anciano, a ofrecer su voz a cambio de unas monedas. Escuchando su voz resquebrajada por el paso del tiempo y de sus mejores años, se me dió por pensar que ese hombre no tardaría mucho en morir. No suelo darle monedas a los cantantes que suben a los ómnibus. Es raro que lo haga. Tampoco suelo vaticinarle la muerte a nadie, pero esto es un blog y se supone que uno escribe las cosas que le pasan por la cabeza. Esta vez lo hice, me refiero a darle unas monedas. Sin embargo en un momento, al llevar mi mano al bolsillo y tocar una moneda de las grandes de diez me dije instintivamente "esa no", rebajando el precio de lo que ofreció el anciano, como si yo fuera el más avaro de los comerciantes. Le dí dos pesos y medio. Luego lo seguí con la mirada y al mismo tiempo que lo veía acercarse hasta la puerta y descender, dudaba si seguirlo y darle la moneda grandota y mientras no lo hacía, pegado al asiento, me sentía una lacra humana. Por muy rinoceronte que parezca, visto de lejos. El señor hubiera necesitado casi 350 de esas monedas grandotas para poder proteger sus ojos del mismo sol con unos lentes como los que me acababa de comprar yo. Sin embargo aspiraba a mucho menos que eso seguramente. Tal vez tan solo que obtuvo lo quería (mucha gente debió conmoverse como yo porque vi que muchos revisaron sus bolsillos y le extendieron unas monedas). O tal vez no obtuvo lo que más hubiera querido, tan solo un aplauso y una palabra de agradecimiento que no llegaron.

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Esta foto la tomé yendo rumbo a Pedro Juan Caballero, en Paraguay, hace un par de años. Blatter, mi compañero de ruta, y yo cambiamos pocas palabras durante ese trayecto. El manejaba y contemplabamos en silencio ese mundo vírginal, protegido de la voracidad humana.
En un momento Blatter rompió el silencio y me mencionó algo así como que no era difícil imaginar dinosaurios en un paisaje así. Lo que veíamos nos sugirió los mismos pensamientos.
Dice Lovelock que la única manera de salvar al mundo del desastre climático es mediante la construcción de plantas nucleares y de un cambio radical en las costumbres en que el ser humano está usando el suelo. En particular la depredación de las selvas y los montes naturales. Su propuesta es enterrar los deshechos nucleares en las selvas para que el hombre no se aproxime a ellas. Para muchas formas de vida un poco de radiación no es algo tan insoportable como la presencia humana. Las plantas y muchos otros organismos fueron partícipes de la construcción de la atmósfera que hoy nos rodea y mientras lo hacían eran capaces de resistir radiaciones solares altísimas. Tal vez no sea mala idea impedir que nos acerquemos a lo que no sabemos cuidar, aunque dependamos de ello para seguir existiendo.

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Tengo un hermano que le gustan mucho los animales y suele tener pajaros enjaulados. No me gusta eso. Pero cuando los pájaros son canarios y te explican que no pueden vivir en libertad lo aceptas un poco. Tenemos un canario (en su momento eran dos). Lo cuidan y atienden mis padres. La verdad es que yo no le presto atención. Realmente lo ignoro sin hacerlo de forma conciente. No más de tres o cuatro veces en muchos años me habré parado unos minutos para interactuar con él. Yo chiflo y el pía o canta, segun el estado de ánimo. Son alguna forma de conversación sin dudas. Pero el hecho es que salvo eso, es como si el pajarillo no estuviera.
Encima es uno de los animalitos mas preciosos posible. Es de un amarillo limón perfecto y parejo.
El hecho es que un día estoy en la cocina y veo con la mirada periférica que en el patiecito del fondo baja un gorrión. Lo raro de lo que ví es que eso que parecía un gorrión bajando a comer alguna miguita de algo era de color verde muy claro. Eso me hace prestar atención y veo que el gorrión verde no era otro que el amigo canario amarillo teñido, desde mi punto de vista por el mosquitero de la ventana. Salgo apresurado porque la condición humana hace que cuando uno tiene un pajarito enjaulado, anque a disgusto suyo (de uno), no quiere bajo ningún concepto que el pajarito se aleje si lo ve que se ha soltado de su prisión. Yo sé que es contradictorio pero así ha funcionado por siglos. Salgo al patio y miro la jaulita, veo la puerta abierta y confirmó que lo amarillo-verde que ví revolotear era el canario. Un pío me hace girar la cabeza y en ese momento nos miramos. Me imagino que el canario se va a alejar espantado de mí. Gigante adiposo que no solo lo tiene prisionero sino que además, muy habitualmente ignora sus gorjeos y reclamos de un poco de comunicación. Me sorprendió que el pajarito no hizo el menor intento de fuga. Se podía haber ido pero no hacía otra cosa que dar saltitos. Me siguió piando, me quería decir algo. Juro que si un ser humano pudiera entender a un pájaro, yo lo hice en ese momento. Me estaba participando de la situacion sorprendente de estar en el mundo exterior a la jaula. No parecía estar cómodo, era raro para él. Enseguida pensé que no tardaría mucho rato en ser presa de un gato muy parecido al gato Silvestre que siempre anda el acecho por los pretiles de casa, no tenía la menor intención de alejarse volando. Me agaché para ver si lo podía atrapar. No me temía, porque si bien yo lo ignoraba todos los días, yo sí que formaba parte de su vida. Yo interactúo diariamente con centenares de personas y situaciones. Verme pasar varias veces por día cerca de su jaula e ignorarlo era SU interacción,de las pocas, con su reducido mundo. Si bien no me demostró temor, al ver que extendí mis manos para agarrarlo con ellas sintió inseguridad y se dió vuelta para no ver. Cuando lo tomé entre mis manos poniendo especial cuidado en no lastimarlo sentí que estaba tomando la cosa más frágil de mundo. Lo devolví a su jaula y sentí que me miraba con simpatía. Me pió como dándo las gracias.
Me pregunté hace unos días, recordando este suceso a donde van las mascotas que se humanizan mucho compartiendo la vida diaria con nosotros los humanos. Que a donde van cuando mueren. Supongo que reencarnan en algo más similar a nosotros. Es lo que creo. Porque tampoco se bien a donde vamos nosotros. Pero en ese momento en partícular pensé que adonde iban las mascotas. Creo que tengo derecho a pensar algo así.

Y sobre mascotas, este video que me envió un ser muy querido y que me ha emocionado bastante.

http://www.youtube.com/watch?v=H9Vc8xNh7LU

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