Rinocerontes eran los de Antes

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jueves, mayo 14, 2009

3 recuerdos

Volviendo para Montevideo tomé un involuntario cambio de ruta. Sin haberlo previsto comencé a transitar por lugares que me resultaban conocidos de mi niñez. No estaba lejos de donde viví durante mis primeros años. Primero pasé por arriba del puente donde fuimos ocasionalmente con mis padres a pasar alguna tarde de fin de semana. Recuerdo el ambiente agreste, a mis padres tomando mate y a mi hermano atrapando una lagartija. Fue la primera que ví. La queríamos conservar. "No la agarres por la cola, se le desprende y se escapa, luego le sale otra". Me animé a tocarla y la llevamos a casa. Escapó a los pocos días, no me había creído mucho eso la cola. La tiré al piso del susto y ella se sacudía. Es notable porque me quedé observando la cola, sus propios estertores distraían la atención del enemigo y la verdad es que nunca supe ni en que dirección se fue el reptíl. Un fórmula uno de su tamaño no la hubiera alcanzado.

El segundo recuerdo fue al pasar por el frente de la vieja escuela rural. Allí vivía un matrimonio de maestros muy amigos de mis padres. En general iba con ellos y me aburría como un hongo. Pasaba largas horas hamacándome solo. Las hamacas cuando no hay niños y bullicio no son entretenidas. En la vieja escuela había un enorme árbol, muy posiblemente fuera un cedro. Estaba lleno de murciélagos. Posiblemente tampoco los había visto antes, pero en este caso no me habría atrevido a capturar uno de haber podido. Su aspecto y sus movimientos impredecibles me asustaban bastante.

Seguí andando, sumido en mis recuerdos y pensamientos, y un tercer elemento detonó en las profundidades de mi memoria. El cartel informaba la existencia de una prisión a unos kilómetros del camino principal. Me vino a la mente el tiempo en que mi padre fue enviado allí. Eran tiempos en que mucha gente decente o buena era apresada. Tengo la sensación de que todo el mundo sabía que se trataba de un error. No recuerdo que en ese período ninguno de los amigos de mis padres nos hubieran alejado de su entorno, más bien recuerdo a los mismos amigos viniendo a solidarizarse y a decirnos que contaramos con ellos para lo que fuera. Mi madre quedaba sola con dos niños, mi hermano mayor ya estaba en Montevideo. Recuerdo a mi madre explicándome que mi padre no estaba preso, sino que estaba en un "establecimiento". Yo no preguntaba la diferencia, me quedaba claro que no tenía libertad. Creo que mi madre no quería que yo me estigmatizara por algo que seguramente se demostraría que era un error. A mi me hubiera alcanzado con que me dijera que era un error, no me importaba mucho del nombre técnico del edificio donde estaba cautivo. Un fin de semana nos llevaron a verlo unos amigos de la familia. Yo en esa época no lo quería mucho a mi padre, creo que el estrés de esa época de mierda le impedía tenerme la paciencia que yo parecía necesitar. Llegamos al "establecimiento".  Entramos a un gran salón, lleno de mesas y bancos hechos con tablones. En cada mesa un tipo y sus afectos.  Llega mi padre y me abraza, y luego saluda al resto. Estaba más relajado que de costumbre, me sorprendió el afecto con que me saludó. Tal vez para mi su ausencia forzada no fuera muy diferente a su ausencia diaria provocada por los problemas y responsabilidades de su trabajo. Yo estuve un rato en la mesa y me aburrí, me fui a curiosear por ahí, a un parque que había. No recuerdo haber encontrado a ningún bicho. Había alguno que otro niño, y tal vez algún juego hecho con cubiertas de auto y tanques metálicos de combustible. Debí de haber estado unos cuantos minutos hasta que me llamaron porque nos ibamos. En el auto escuché que le habían robado el cinturón que tenía puesto mientras dormía. 

Otro fin de semana fue mi madre a visitarlo y a mí me mandó a la casa de mi mejor amigo a pasar el día. Yo estaba con esa preocupación del "establecimiento" en la cabeza. En el fondo no entendía nada ni podría entenderlo, pero ni siquiera preguntaba. Esa nochecita fue mi hermano mayor a buscarme a lo de mi amigo, el que vivía en Montevideo. Le comentó a la madre de mi amigo sobre la suerte de mi viejo y la madre se sorprendió muchísimo. Dijo no haber escuchado nada por ahí, que se enteraba ahí mismo y me miró, supongo que preguntándose por que yo no le había dicho y contestándose mentalmente un instante después, que yo no tendría mucha información para darle. Quedó casi tan desconcertada como yo por la noticia porque ni hizo preguntas. La familia de mi amigo era una familia obrera. No recuerdo que se solidarizaran especialmente, porque ya lo eran desde siempre y lo seguirían siendo con el paso de los años. Cuando salímos de la casa, situada en un barrio nuevo de gente de trabajo en algún extremo del pueblo, ya solos,  mi hermano se agachó hasta que su cabeza quedó a la altura de la mía y me preguntó, indicándome hacia lo lejos una lucecita que destacaba en la negrura del campo, "Vez aquella luz?". Yo seguí con la mirada hacia donde apuntaba su índice y dije que sí, o más posiblemente "hice que sí". Allá es donde está papá- me dijo, y yo me quedé mirando silencioso aquellas lejanas luces tan parecidas a las estrellas del cielo, prolongando esa misma preocupación que yo no conseguía traducir en palabras.


*La justicia dictó sobreseimiento al muy poco tiempo. Yo tampoco pregunté porque no me cambiaba nada lo que dijera un juez. Yo sabía quien era él, lo conocía desde que nací.

1 Comentarios:

A la/s 15 mayo, 2009 20:43, Blogger Mariluz dijo...

Del mismo modo que no se puede echar de menos lo que no se ha conocido, no se puede sentir empatía con alguien por vivencias que no se han vivido. No sé, Roberto, si alegrarme porque sobreseyeran "el caso", porque yo no lo haya experimentado o, simplemente, porque a día de hoy solo sea uno de tus tres recuerdos.

Un beso

 

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