Rinocerontes eran los de Antes

Evolution

lunes, septiembre 07, 2009

De Aves, libros y algunos pensamientos

Hace unos días salí a pasear con mi perra Gaia. Llegamos al terreno de la iglesia y súbitamente dos habitantes inesperados nos reciben con sus graznidos. Dos teru terus, nos comunicaban a viva voz que estabamos en sus dominios. Pero como eran intrusos allí, Gaia y yo no detuvimos nuestro avance por el territorio que juzgamos nuestro. Levantaron el vuelo pronto a pesar de que en su terreno son bravos defensores de su espacio. Que yo recuerde, los teros son las únicas aves que he visto atacando personas o más bien haciendo maniobras disuasivas para auyentarlos de su sitio vital. Pero éstos no eran de allí; en la iglesia no hay más que palomas, gorriones, benteveos y unos de color pardo, de bonito canto, cuyo nombre me averguenza no reconocer. Me pasa igual con los árboles, no sé identificar más que unos cuantos. A veces pienso que no saber identificar un árbol es como estar nadando en el mar y que se nos cruce una ballena, y no saber si era una ballena, un tiburón o un delfín, y definirlo tan solo como un pez gigante. Pero me sucede eso, a menos de unas cuantas especies. Tengo mejor suerte para recordar los nombres de los animales que no son aves. Es que tengo presente cuando de chico vi mi primer álbum de figuritas; se llamaba Zoo Color. Recuerdo el momento en que mi hermano me llamó para mostrármelo. Cada página tenía diferentes hábitats, y dentro de la página doble las siluetas en blanco de los animales que allí vivían, con el correspondiente número de figurita que iría pegada encima. El primer escenario que ví era la jungla; allí en el suelo, debajo de la densa fronda, había un gorila, quizás la primera figura que mi hermano "sacó" del sobre; los demás estaban en blanco y el gorila reinaba en esa selva. Más adelante sabría lo que era un tigre de tasmania, un clamidosaurio y cosas por el estilo. También el ave del paraíso y el kiwi. Pero las aves no serían mi fuerte. El hecho es que sigo avanzando por el parque con Gaia y otros dos vecinos nuevos e inusuales se distinguen en la copa desnuda de un paraíso (uno de los pocos árboles que soy capaz de distinguir); eran dos pájaros carpinteros como este de la foto.

Tampoco eran de allí. Me puse a pensar por que raro sortilegio sendas parejas de aves extrañas estaban esa mañana en ese lugar. Por mi permanente y sistemática forma fatalista de ver las cosas, se me ocurrió que habrían sido expulsadas por la maldad humana de alguna parte, pero a lo mejor simplemente se buscaban abrir camino en la vida como cualquiera. Los seres vivos hacen eso, buscan su sitio, por lo general. No los volví a ver en los días siguientes.

Estos carpinteros me hicieron recordar a los que se ven en Bolivia, en la selva, que a su vez me impactaron por ser tan parecidos al pájaro loco, "Loquillo", que miraba por televisión cuando niño.


Esto me hace asociar ahora, que hace pocos días encontré un sonido boliviano que se me había hecho habitual durante mis días de trabajo en la selva del Chapare, y que estaba echando muchísimo de menos. Es el gorjeo del Cacique, una especie de boyero, un pájaro muy bonito y muy listo que construye unos nidos colgantes muy interesantes. Cada vez que te detenés en la ruta escuchás su trino. Generalmente está uno de ellos montando guardia en una de las ramas de un árbol atestado de nidos, y se descuelga de la rama y planea suavemente, dejando ver sus plumas coloridas de la cola, para que lo sigas hipnotizado con la mirada y no prestes atención a los nidos. Es todo ese ritual y su hermoso canto soltado para llamar la atención, justo antes de iniciar su vuelo. Algo inolvidable que por suerte pude rescatar en internet. Hasta lo dejé como ringtong de mi celular...era un sonido cotidiano, el lenguaje de la selva, su voz de bienvenida y alerta. Un sonido que echo de menos.


*** *

Hablando más arriba sobre las figuritas, me vino a la mente la primera fiebre mundialista. Estaba en cuarto de escuela, era plena dictadura militar. Casi todos en la escuela coleccionabamos un álbum con los dibujos de los jugadores de ese mundial. Como había una especie de tráfico de figuritas en la escuela, y competencias encarnizadas jugando a la tapadita buscando lícitamente (o algunas veces no, mojándose la palma de la mano con saliva por ejemplo) quedarse con las figuras del adversario. Esto no era para nada bien visto por las autoridades de la escuela y todo terminó con una ley seca de figuritas. Como niños que eramos jugabamos a otras cosas, pero existía la sensación y la necesidad de transgredir esa ley, porque vamos...las figuritas eran nuestro vicio. Eramos pequeños tahures de túnica blanca y moña azul. Gran parte del sentido de ir a la escuela era volver a tu casa con más figuritas que las que habías llevado. Nos las arreglamos para seguir jugando. Recuerdo que jugabamos en el ómnibus a la salida. Teníamos media hora de viaje y usabamos nuestros portafolios de mesa mientras viajabamos sentados. Quizo el destino que en una oportunidad viajaba la directora de otra escuela en ese vehículo y nos preguntó que como no estaban prohibidas las figuritas en nuestra escuela. Nos cagamos todos, como corresponde. Las escondimos y pusimos cara de circunstancias mientras el que estaba en el pasillo más cerca de la señora le soltaba duro de miedo a que escuela pertenecíamos y demás datos requeridos. Al otro día la directora de nuestra escuela nos pasó el aviso de haber recibido la denuncia, nos habló duramente por haber incumplido la prohibición y nos ordenó que durante esa mañana entregaramos a la maestra todas las figuritas existentes entre los alumnos del salón de clase. No habría castigo pero nos exigió entregarlas todas. Justo ese día yo había conseguido una bien difícil, que me faltaba en el álbum. Me había asustado lo suficiente como para no ir ese día con mi "fajo" de figuritas repetidas, pero alguien me dió esa que justo me faltaba. Me la escondí en una de mis medias y decidí no entregarla. El resto de los niños, posiblemente los que no viajaron con nosotros el día anterior fueron entregando sus figuritas y alguien reparó en mi actitud de haberme quedado con una y me denunció con la maestra. Atravesó el salón se me paró al lado y comenzó a increparme que si los demás habían entregado sus figuras yo debía hacer lo mismo. La maestra también se me vino al lado y con mucha dureza y me exigió que la entregara. La verdad es que me miraban furiosos los dos, y yo no tenía muchos argumentos y mientras mi compañero metía sus manos en mis medias buscando la prueba de su denuncia y yo comenzaba a sentirme violentado y molesto comencé a decir que estaba bien, que era verdad que tenía una figurita y la entregaría. El hecho es que mi compañero no la encontró en mis medias y comenzó a quedar en mala posición frente a la maestra. Hasta yo mismo decía que si la tenía pero no aparecía y comencé a ponerme nervioso. Finalmente la maestra me dice de malos modos que que había pasado con la figurita, si es que la había perdido jugando y fue como sin darse cuenta me diera una tabla de salvación. Rápidamente le dije que si, que me la habían "ganado" un rato antes. La mujer me dice "JA!!! VIO LO QUE PASA POR JUGAR A LAS FIGURITAS" y acto seguido lo mira como para matar a mi compañero alcahuete, que se desesperaba porque no tenía ni la más remota idea de donde yo había metido esa condenada figurita. Ni yo tampoco!
Rato después, durante la clase abro un cuaderno y aparece la figurita. Era una muy estúpida, era Noé jugando al futbol arriba del arca, creo que pateando una calavera. Ni bien la veo cierro rápidamente el cuaderno muerto de miedo por si alguien más la había visto. Al mismo tiempo recuerdo que, inseguro de tener un objeto prohibido en una de mis medias, la cambie de sitio a la contratapa del cuaderno de clases, debajo del naylon que lo forraba. El susto y la situación de la maestra obligándome a confesar mi crímen y mi compañero acusándome deslealmente me hizo bloquear mi mente y olvidar el sitio donde la había dejado. Cierro el cuaderno y pongo mis manos sobre la tapa rogando que nadie me hubiera visto. No pasaron más que unos instantes y mi compañera de banco, Ana Clara, me dice, "te ví". Y yo giré mi rostro hacia ella y me quedé mirandola en silencio entregado, como un delincuente menor pescado in fraganti por un ejército de marines. La miré y comencé a esperar sin ninguna esperanza la fatídica palabra (MAESTRAAAAA!!!). Ana Clara me miró comprensivamente, me hizo una ligera mueca muy parecida a una débil sonrisa y me aclaró que no me acusaría. Mi cara sería de campeonato...

Supongo que la niña se ganó mi lealtad eterna, pero cuarto, quinto y sexto se pasaron volando y es el último recuerdo suyo que tengo. No la volví a ver.

*

Este año que está transcurriendo tiene una particularidad para mí. Compré más libros que durante el resto de mi existencia. Me fui el viernes después del trabajo a la feria anual del libro y me quedé maravillado. Me gasté una fortuna en libros de todo tipo. Vi unos cuantos de buena calidad y a buen precio y me los compré aunque puedan pasar unos cuantos años antes de que los pueda leer. Curiosamente el que más me gustó de todos no me lo compré y ni siquiera pregunté el precio, quizás porque ya había gastado demasiado e intuí, por su encuadernación, que era de los más caros. El libro hermosamente encuadernado se llama "Seres humanos, orquídeas y pulpos" y es de Jacques Cousteau. Un adelantado a su tiempo. Cuando pequeño no me despegaba de la televisión viendo como se habría camino por las aguas mostrando toda la vida que había en ella, con su traducción afrancesada tan "cagacteguística". Costeau me parece un individuo admirable, de por si un libro suyo me hubiera llamado la atención, pero el título del libro me parece espectacular. Tiene que ver con las especies más complejas del mundo de los vertebrados, las plantas y los invertebrados, respectivamente. Ya me lo voy a comprar, estoy seguro. Pero que título....

* ***

De los que me compré, el que estoy leyendo es "El gran secreto" de Maurice Maetterlinck. Es un libro sobre las impresiones del autor sobre el ocultismo, la religión y la sabiduría antigua. Lo compré porque tengo un gratísimo recuerdo de la lectura de "La vida de las termitas" y "La inteligencia de las flores" de este mismo autor y me pareció un ser humano con una capacidad de observación y una inteligencia llamativa. Y el gran secreto es un libro que pasea por lo que puede saberse desde las escrituras indias y los jeroglíficos egipcios hasta aquí. Quería cerrar el posteo con una frase muy linda, que al menos para quienes nos pasamos la vida buscando, y muchas veces andamos a tientas sin saber siquiera que buscamos, es especialmente estimulante.

"En la jerarquía de las evoluciones jamás llegaremos a conocer al Ser Supremo, ni su pensamiento último; pero eso no es óbice para que debamos afanarnos por saber mucho más de lo que sabemos. Si no podemos conocerlo todo, eso no es razón para que nos resignemos a no saber nada..."

****

Voy viajando en el ómnibus. Estoy en el fondo de todo, junto a la puerta. Una niña vestida de escolar me pide permiso para bajar. Se estira para tocar el timbre sin poder conseguirlo. Me dispongo a ayudarla cuando la niña gira rápidamente, le da el paraguas a su madre y con más libertad de movimiento consigue su objetivo. La miro con una sonrisa y le digo que creí que no lo lograría y que estaba a punto de ayudarla. Es que me causó simpatía recordar la última vez que me sucedió algo parecido. Iba para mis clases de inglés, nunca llegaba al cordón forrado de plástico que tenían los ómnibus nuevos por entonces. Siempre me tenía que poner detrás de alguien mayor, que pudiera efectivizar la señal. Es como un perro cuando sabe que no puede abrir una puerta y espera que alquien capaz de hacerlo se disponga, y entonces aprovecha el viaje y sale por la puerta. Esa vez nadie bajaba, y debí someteme a la humillación de estirarme a sabiendas de que no llegaría. Aprender a comunicarme es de las últimas cosas que aprendí en la vida, me hubiera solucionado mucho aprender antes. En lugar de pedirle a alguien me estiré hasta donde pude sin conseguir llegar. Puse mi peor cara de frustración y debo haber insultado al universo por mi condición de petiso, que seguramente creí que sería eterna. Una niña más esbelta que yo reparó en la situación y se estiró por mí. Le di las gracias avergonzado y me miró comprensivamente como si quisiera decirme "tranquilo, no te voy a decir petiso". La miré ese instante largo, y le di las gracias y me bajé rumbo al instituto.

1 Comentarios:

A la/s 01 octubre, 2009 00:24, Blogger Irina, dijo...

por lo que veo rinocerontes eran los de antes y los de ahora.´
sds robertö.

 

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