Rinocerontes eran los de Antes

Evolution

domingo, octubre 11, 2009

Calabaza, fin del mundo, Playboy y más hormigas


Es una calabaza, y los jugos que brotan tan lentamente de su cáscara hacia el exterior.

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Paso por el portal de noticias de la BBC en español, que me gusta mucho. Me detengo ante un titular de una notica que dice algo así como "La extinción de los animales será mucho antes de lo previsto". Antes de entrar a la noticia miro el resto y detengo mi atención en la siguiente: "Marge Simpson posa desnuda en Playboy". Ambas noticias tenían igual nivel de destaque y de importancia en la página. No es una crítica a BBC, es un alerta que nos hago a todos nosotros.

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Hace unos cuantos días me bajé de la camioneta en la ruta por cuestiones de trabajo, y sin darme cuenta pisé un tacurú que estaba al borde de la banquina. Mi pié se hundió en él hasta más arriba del tobillo. El tacurú es un tipo hormiguero muy común en Uruguay. Ni bien saco mi pié veo una enorme cantidad de hormigas fluyendo hacia el exterior del nido, buscando el orígen del ataque. Prontamente comenzaron a extenderse por miles por el terreno, como si fuera un manantial rojizo y denso brotando de las entrañas de la tierra. Enseguida noto que muchas de ellas regresan con pastitos secos, como de un par de centímetros de largos. Todas haciendo ese trabajo, los pastitos como cortados a máquina, todos de igual dimensión. Veo que van y dejan su pastito y vuelven al campo por más.
Mientras hacía mis tareas, iba y volvía al auto, cada tanto me detenía a ver como hacían su trabajo su trabajo. En uno de esos traslados toco con nerviosismo mi cintura y noto con algo de espanto que perdí mi teléfono celular. Busco en mi memoria recuerdos del sitio donde hice el último movimiento que pudiera hacerlo saltar de su estuche, fijado en el cinturón de mi vaquero. Lo encuentro en el suelo allí mismo, donde recordé hacer un movimiento brusco. Recuerdo que el imán de mi estuche había perdido su poder de atracción, y que hace ya bastantes días que estaba con la idea de tirar el estuche y por uno u otro motivo no lo hacía. Y esa era la tercera vez que se me extraviaba el celular en unos pocos días. Estoy en esos recuerdos y esos pequeños reproches íntimos cotidianos cuando vuelvo a pasar hasta la camioneta por sobre el tacurú en plena restauración. Noto como las miles de trabajadoras, con su tránsito desordenado van llenando el fondo del hueco que dejó mi pié con su pequeña carga. En eso que estoy por tirar el estuche de cuero del celular, pienso que no estaría bien tirarlo al borde de la ruta, en definitiva sería tirar basura. Se me ocurre ponerlo en el enorme hueco provocado por mi humanidad en el hormiguero. Lo deposito allí, me desprendo de mi carga y todavía les alivio un poco la tarea. Enseguida unas cuantas hormigas se abalanzan y se montan en él para descubrir la naturaleza del objeto extraño. No tardan en descubrir que no está vivo y que no es una amenaza y prosiguen con su tarea de llevar y traer pastitos del campo. Al rato vuelvo a pasar y veo que el estuche estaba siendo devorado por el tacurú, parecía un enorme navío hundiéndose poco a poco, en un mar de trocitos de pasto blanquecino. Me quedé pensando unos cuantos segundos en mi extraña forma de no hacer mugre en un espacio público.
Hoy por la mañana, semanas más tarde, saco a pasear a Gaia, mi perra, al lugar donde vamos siempre. Sobre el pasto, veo un estuche de celular de cuero muy parecido al que yo tenía. Me acuerdo de aquél, formando parte ahora de la estructura de un tacurú a cientos de kilómetros del lugar y notó en las adyacencias de éste, caminos de hormigas con miríadas de ellas en plena faena. Me puse a pensar en la circunstancia de que las hormigas ofendidas por haberles tirado mi basura en su casa hacía unas pocas semanas, me la devolvían haciéndomela llegar hasta mis propios pies desde tan lejos. Se me ocurrió que podría escribir un cuento con eso.

sábado, octubre 10, 2009

El Cebollatí

Me tocó en suerte atravesar los humedales de Rocha, uno de los pocos lugares donde la mano del hombre no ha destrozado el medio ambiente y abundan todo tipo de aves.




Cuando veo pasar un ave volando me dan enormes ganas de fotografiarla. Una vez que pulsás el disparador el resultado es impredecible. Para los pocos intentos que hice durante esta travesía, puedo decir que la buena fortuna me acompañó.







La foto de la garza blanca no quedó tan bien. Para el segundo intento el ave extendió sus alas y luego de carretear sobre la superficie del agua levantó vuelo. El intento de capturar ese momento también fue un fracaso.







No hay puente para cruzar el río Cebollatí. Una balsa te lleva hacia el otro lado donde continúa el camino.
Donde la actividad humana es mínima, todo parece estar en perfecto equilibrio.



Nunca dejan de sorprenderme los miles y miles de tacuruses (hormigueros) que se extienden por las praderas de esta zona. Tal vez en unos cuantos de estos nidos haya tantas hormigas como seres humanos hubo jamás. No deja de sorprenderme como por siglos se han rebelado ante el progreso humano. De ser sencillo eliminarlas hace tiempo habrían dejado de estar allí. Evidentemente son organizadas e inteligentes. Y muchas.





sábado, octubre 03, 2009

El bicho


Tarde tórrida de sábado de octubre. Quería practicar las fotos con el macro, para fotografiar objetos desde cerquita. Las fotos de insectos a veces quedan bien. No había encontré bajo la tarde calurosa nada que fotografiar hasta que reparé en este modelo que me observaba a poca distancia, sobre la azotea de mi casa.

Cuando quise modificar su orientación respecto al sol, se molestó, desplegó sus alas y se alejó del lugar. Para hacer valer su derecho a la privacidad y a tomar sol en paz, le quedan muchos millones de años.

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Me puse a sacar fotos porque no tengo palabras. Y en definitiva una foto dice cualquier cantidad de cosas.

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