Rinocerontes eran los de Antes

Evolution

domingo, noviembre 29, 2009

Un ballet





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Me acerqué a una madriguera, me llamó la atención una danza de colores vivos en su interior. Una procesión de hormigas negras se internaba siguiendo una trayectoria helicoidal hacia las profundidades. Se trataba de una hermosa coreografía, las hormigas portaban como disfraz el mismo alimento que se habían procurado, unas pequeñísimas flores violetas. Había un solo espectador y no eran necesarios los aplausos.








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La naturaleza está muy herida, luchando por autorrepararse, como cualquier organismo viviente. Parte de ella, nosotros, podemos hacer algo por remediarlo(nos). Aun no sabemos si sea posible conseguirlo, o si como sostienen algunos hombres de ciencia ya no hay vuelta atrás, pero nos debemos ese esfuerzo. Tenemos que ser cada vez más los glóbulos blancos que podamos combatir esta infección imparable. Cualquier herramienta, y cualquier mínimo esfuerzo cuenta.
La voluntad y la imaginación cuentan. Son las armas que nos han traído hasta aquí, que nos permitieron multiplicarnos, evolucionar, progresar y entender el mundo. Somos la única forma de vida oficialmente conocida capaz de observar, comprender, teorizar y alterar, cuando menos en parte, el universo que habitamos.

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Es un buen desafío.

sábado, noviembre 14, 2009

Una flor


Vi pasar una oruga por la carretera. Pensé. Estamos hechos de la misma cosa. La información genética que hace que sea oruga y yo hombre no es tan grande desde algún punto de vista. Tenemos dos ojos, cosas parecidas a pies, comemos, crecemos y tiramos lo que sobra. Nos reproducimos y nos morimos. Y no sabemos a donde vamos. Quién da las ordenes? quién es el que dice, vos vas a ser la oruga y este otro será el que toma la foto?

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Hace un tiempo mientras viajaba en ómnibus muy abstraído, aun medio dormido, imaginé lo siguiente: yo me moría y me presentaba al sitio a donde van los que se mueren. Era una habitación completamente blanca, vacía y con una puerta. Yo vestía únicamente una túnica blanca. Después de esperar un rato aparece un ser también vestido de blanco. Tenía largas antenas que emergían de su cabeza, muy cerca de dos grandes protuberancias negras, sus ojos. Sus tenazas afiladas eran aterradoras. Me dijo a través de un pensamiento que era Dios. Me sorprendí y luego del impacto pensé, "y por qué no? Al final, por que razón tenía que parecerse a un ser humano?.
Un poco confundido pensé en hacerle una pregunta, pero me di cuenta que simplemente bastaba con pensarla. Le dije más o menos que ahora a donde tendría que ir, cual sería la próxima instancia luego de nuestra presentación. Sentí que me observaba con sus grandes ojos inmóviles. Durante un buen rato no percibí ninguna comunicación de su parte. En un instante perdí la conciencia y cuando la recuperé estaba completamente desnudo. Me sentía minúsculo y me encontraba rodeado de grandes hormigas que tenían manos y portaban lupas. Para cada lupa había un sol y ellas concentraban los rayos a través de la lente y con los rayos me quemaban la carne. Sentía que chorros de fuego perforaban mi cráneo, derretían mis ojos, atravesaban mis costillas, mis piernas y mis órganos. El dolor se hizo tan insoportable que perdí nuevamente el sentido. Estaba de nuevo en la habitación.
Luego de un rato aparece por la puerta otro ser. Este parecía un ser inteligente evolucionado de un caracol. Me produjo bastante terror su presencia mórbida y babosa. Me dijo a través de un pensamiento que él era Dios. Lo observé atónito y no pregunté ni supe decir nada. Otra vez perdí el sentido y de nuevo era minúsculo y esta vez no solo no tenía ropa sino que no tenía piel. Una muchedumbre de seres parecidos a caracoles me lanzaban pequeñas piedras de sal que se adherían a mí y ardían como fuego en mi carne. Me consumían y me hacían retorcer de dolor. Cuando no soporté más volví a perder el sentido. Me desperté otra vez en la habitación. Me toqué los brazos para corroborar que conservaba mi piel. No estaba herido. Esta vez por la puerta entró alguien más parecido a un humano. Me apresuré a decirle,
- si ya sé, tu también me vas a decir que eres Dios.
No me contestó.
Comencé a asustarme y a pensar "y ahora QUÉ...!?"
El tipo me sonrió. Me dijo que efectivamente El era Dios. Yo diminuto y expectante lo interrogué con mi mirada. Me dijo que no tuviera miedo, que yo también SOY. Que cada cosa lo es.
Me bajé en la parada de siempre.

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Diminuta, entre muchas y perdida en la inmensidad del campo, tan insignificante como lo puedo ser yo. Está captando agua de la tierra y carbono del aire a pesar de que ignoremos su existencia. Trabaja en el sentido de la evolución de las cosas, como cualquiera y hace su modesto aporte al universo.

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