Rinocerontes eran los de Antes

Evolution

jueves, noviembre 23, 2006

De todo por amistad

Habitualmente escribo más cuanto peor me siento. Y creo que también escribo mejor.

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Esta es una crucera con la que nos topamos en la caminata al Cabo Polonio con unos compañeros de trabajo. Me criticaron por acercarme tanto a fotografiarla (ninguno de los presentes conocía mi perfil bloggero-bichero). La víbora estaba asustada de nosotros y retrocedía y se ponía en actitud de ataque, presa del miedo. Los animales, como nosotros suelen ser más peligrosos cuando tenemos miedo. Y cada vez que lastimamos a alguien que queremos, es por ese motivo.

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Hace cosa de unos meses, al regresar de Paraguay, me fui de descanso al campo de unos parientes de un amigo y aprendí a andar a caballo. No es difícil si uno da con un caballo paciente y tolerante. Fue éste el caso.



Lo primero que hice fue ir hasta donde el caballo esperaba atado y lo comencé a acariciar en el cuello y el hocico. Parecía gustarle. Me podría haber mirado mal. A mi por ejemplo no me gustaría nada que se me viniera un tipo de cien kilos a toquetearme el cuello y el hocico. Pero el caballo me miró con curiosidad y ternura.
Resulta que el dueño de casa me advirtió que si nunca había andado sería más seguro andar primero sin los estribos (el apoyo de los pies) porque si me llegara a caer, así no quedaría enganchado mientras el animal seguía galopando. Entonces me largué nomás sin el estribo. El caballo tendía a ganar velocidad y eso me hacía saltar y poner nervioso, entonces yo lo frenaba. Practicamente lo hice andar a paso de hombre. En determinado momento recordé un libro que leí hace mucho donde un muchacho que iba a tirarse en tabla de snow board al Himalaya, se encontraba con un monje budista que nunca había visto una tabla de esas pero le dio unas explicaciones para que mejorara su desempeño. Una de esas recetas era sentirse uno solo con la tabla, o sea, la tabla como una extensión de su cuerpo, algo así. Me acordé de eso y pensé que yo podía hacer lo mismo con el caballo. Entonces me imaginé que yo era un charrúa, que prácticamente cabalgaba desde antes de aprender a caminar. Entonces yo desde arriba del caballo me mentalizaba en eso, que yo era un charrúa muy diestro en el arte de andar a caballo. Entonces comencé a notar que el caballo pareció percibir también que yo era un charrúa y se comenzó a tomar confianza y a avanzar más rápido, luego comenzo a trotar suavecito, y yo charrúa, me faltaban las plumas nomás, y el caballo que meta y meta ganar velocidad, porque yo..Charrúa. En determinado momento iba tan rápido y como no tenía yo los estribos para apoyarme que comencé a dar saltos cada vez más pronunciados sobre el lomo del animal y eso me provocaba dos cosas. Un dolor considerable en mis muslos ( con peligro de extenderse a los testículos) y miedo porque avanzaba rápido y dando saltos bastante grandes. Fue ahí que, muerto de miedo, me tuve que sacar el charrúa de adentro raudamente y comenzar a frenar al animal. Me tomó como 100 metros frenarlo, venía pasadito de velocidad.
Nunca más anduve sin estribos. Y por ahora no he sido más charrúa tampoco.

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El paseo al Cabo Polonio estuvo precioso. Me encanta caminar y estar en contacto con la naturaleza. El desarrollo nos ha desconectado mucho de la naturaleza. El lugar es precioso. Me hubiera gustado toparme con más vida salvaje. Nada más que la crucera de más arriba, unas cuantas aves marítimas, y los lobos marinos, que se veían desde lejos. Pero en el viaje descubrí y exploré a mis compañeros, y también, como siempre, descubrí cosas de mi mismo.



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Hoy me vine temprano del trabajo porque no me sentía bien. Temprano me reforcé la vacuna contra el tetanos, así que me metieron más bichos de esos, pero ya tenía otras colonias de bacilos adentro porque me resfrié la semana pasada y estoy con bastante congestión. Así que dentro mío, mientras ustedes toman un te y me leen se están librando batallas campales entre mis glóbulos blancos y todos esos invasores invisibles. El resultado es incierto. Ojalá ganen los blancos.

El hecho es que en la parada de omnibus, un señor con lentes con mucho aumento ("lentes culo de botella, hablando mal y pronto" me dijo) me pregunta-pide que le avise por el 169 Toledo Chico. El tipo no veía nada, para peor tenía la lentilla derecha deshecha por un golpe y me explicó que hace tres meses se le cayó cuando se sacaba el buzo y que el arreglo le sale 5000 pesos y no se que papel le tienen trancado en el hospital para que se pueda hacer los lentes. Me despierta mucha ternura ver un señor mayor con los lentes rotos. A la vez me produce mucha indignación que una persona que hizo su trayecto por este mundo no tenga derecho a comprarse lentes y reponerlos cuando se le rompan. Que cosa mal instrumentada la civilización humana.
Yo no podría explicar con palabras el dolor que me transmitió este hombre explicándome con gestos como sus lentes se le fueron de las manos cuando se sacaba el buzo, a pesar del cordón de seguridad con que le pasaba por atrás de la nuca. Los políticos tendrían que estar obligados a mandar a sus hijos a las escuelas pobres y a que sus padres no puedan arreglar sus lentes culo de botella durante tres meses. De otro modo se insensibilizan. Entonces en vez de piel tienen caparazones. Es triste.

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Ayer cuando vine del trabajo estaba mi tía tomando el té con mis padres. Había venido a casa para que mi hermano le transcribiera a la computadora una biografía que le pidió una nietita suya que vive en Israel. Entonces cuando llegué estaban en una charla sumamente nostálgica con mis padres recordando hasta donde les diera la memoria.
Yo no puedo olvidar la primera vez que vi una foto de mi padre siendo niño. La foto era del año 1927 y mi padre tenía dos años. Quedé impactado por su parecido físico conmigo, yo no creí que aquel hombre que yo veía todos los días hubiera sido como era yo en los inicios de su vida. Era yo, pero con la mirada de los X. Yo heredé la mirada de mi madre. Los X tienen una mirada fuertísima, dura. La mirada de mi madre es más redonda y dulce. Impactado miraba la foto, las columnas y los muebles antiguos y mi madre me lanza un misil sobre algo que yo desconocía. "Pobrecito, dos años, a esa altura ya se le había muerto la mamá". Recuerdo que se me hizo un nundo en la garganta. Supongo que lloré. Supongo que mi madre igual, yo creo que las emociones se comparten entre los seres, trascienden los cuerpos físicos y se interpenetran. Tenía grabado ese momento, oculto y lo recordé en la charla que presencie por instantes de mi padre con mi tía. Ellos tienen sus recuerdos ocultos también, sepultados. Mi tía es tres años mayor que mi padre. Siendo mi padre muy pequeño, nadie les quiso decir cuanto, nunca, su joven madre falleció por una enfermedad repentina. Su padre separó a los niños y los distribuyó en gente de la familia hasta que acomodara su vida y pudiera encargarse de ellos. Este lapso de tiempo duro unos pocos años, donde ellos tienen pocos recuerdos de verse de vez en cuando, mi padre no tiene ningún registro en la memoria de su madre natural, nunca los tuvo, y mi tía, si los tuvo se le han ido desdibujando. Al volver a casarse, el padre reunió de nuevo a los niños y les dijo que su nueva mujer era la mamá de ellos. Mi padre, ya con 4 años, acostumbrado a ser una especie de maleta que ponían y llevaban de aqui para allá lo creyó y lo debió tomar como una buena noticia, seguramente. Mi tía, que entonces contaba ya con 6 o 7 años,recordó que había una foto de la boda de su padre con su verdadera madre y le dijo a la mujer de su padre que ella no se parecía a la de la foto de casamiento que estaba sobre algún lado de la casa, que era otra persona. La señora le dijo que de ninguna manera, que si era la misma persona y luego la foto desapareció del ambiente cotidiano. La señora fue la mamá de los niños (fue la abuela Esperanza que yo no llegué a conocer) y para mi padre fue "la vieja", con todo la magnitud emocional que puede tener el termino "la vieja" para un individuo nacido en esta parte del globo.
Cuando mi viejo tenía unos 13 o 14 años mi abuelo los enteró de que su madre verdadera había muerto, y aparentemente lo hizo porque estaba molesto con Esperanza.
Le acabo de preguntar a mi padre que sintió en ese momento y me dijo que no se acordaba, pero que les dió por llorar. Y yo mientras lo escuchaba también me dio por llorar pero me contuve. Y opté por no preguntar más pa no revolver.

Todo esto salió de mis profundidades, porque escuché a mi tía decirle a mi padre si se acordaba que cuando niños jugaban con las hormigas y cuando se les moría alguna le hacían una ceremonia y la enterraban. Eran tiempos duros los años 20 y las cabecitas de los niños, siempre, absorben y aprenden de lo que les toca.

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Al final corrí los 10 kilómetros que les había contado más abajo que iba a correr. Llegué sin parar en poco más de una hora. Bastante bien por ser mi primera vez. Mis amigos contentos porque se piensan que ahora me voy a integrar y voy a correr todas las carreras del circuito con ellos. Pero era algo que solo quería experimentar. No me motiva mucho prenderme a esa rutina. Aunque la pasé bien. Traté de interactuar lo más que pude con la gente del público que alentaba por nada y se ponía contenta si uno daba muestras de que se sentía afectado positivamente por ese aliento. Si alguno estuvo allí, yo era el de gorro naranja, que se alentaba a sí mismo buscando sacar fuerzas de flaqueza en los momentos difíciles. "Dale manteca..dale carajo". Etc.
A llegar estaba tan emocionado que las muchachas que esperaban a los corredores en los andaribeles de llegada me venían a felicitar y abrazar. La emoción se comparte y contagia y nos interpenetra. Lo decía más arriba. Y si vos estás en otra parte del mundo y me lees y te emocionás me ponés en un lío, porque no se como diablos explicarte eso...

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El domingo saqué a pasear a mi perrita Gaia. Ya está grande, más estilizada. Es pura emoción e inteligencia. Le gusta mucho jugar. Le gusta ir a buscar objetos hasta que se cansa y se dedica a correr palomas o alguna otra actividad.



Lo curioso de este domingo es que se nos vino encima una cachorra de labrador con animo de jugar. Gaia tiene 5 meses y esta cachorra tiene 1 año, por lo cual la aventaja muchísimo en masa muscular. Yo adoro los labradores, es el perro más bueno simpático y haragán del mundo. Esta se llamaba Kaia. La similitud del nombre hizo que casi enseguida terminaramos entablando una conversación sus amos y yo. Yo estaba encantado con Kaia, esa labradora negra que jugaba con su pelotita de goma y no se la dejaba arrebatar. Cuando la dueña se la tiraba corría velozmente a ella y Gaia acompañaba y era notable ver como no intentaba siquiera tocar la pelota que no era suya, pero disfrutaba la carrera con esa amiga nueva de cuatro patas. Me gustó ver como se relacionaban, Gaia, más cachorra, la buscaba para que Kaia la correteara. Cuando la dueña de la labradora se acercaba a acariciar a Gaia, Kaia se interponía y se apoderaba de las caricias. Luli, mi labradora, era así. En cambio Gaia no mostraba celos cuando yo acariciaba a Kaia. Ese domingo me costó traer de nuevo a Gaia para casa, por lo general estamos un ratito en la plaza y volvemos, pero este domingo descubrió que hay seres mejor adaptados anatómicamente para los juegos que ella disfruta y no quería perderse de ello por nada del mundo.

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Habitualmente escribo más cuanto peor me siento. Y creo que también escribo mejor. Pero hoy fue la excepción.

jueves, noviembre 09, 2006

El viaje

Hoy, temprano, subí al ómnibus, pagué, el chofer me dió el boleto y el vuelto y las gracias. Me fui hasta la mitad del vehículo y me senté al lado de alguien. Casi instantaneamente comencé a recordar una historia que aún no había sucedido. Busqué entre mis cosas algo para anotar algunas palabras, para poder recordarla luego. Y no tenía. Se me ocurrió comenzar a contarla en un mensaje de texto que no enviaría a ningún lado, en mi celular. Era la historia de un blogger, que intuyendo su cercana partida de este mundo, decidió pedirle a un amigo suyo, que entendió que podía escribir muy parecido, que se hiciera pasar por él, y escribiera de bichos y del espíritu humano, y de lo que él quisiera, de cuando en vez, para que aquellos amigos que no lo conocieron físicamente y no tenían modo de enterarse de su partida y lo solían leer, no le echaran en falta. Le dio la contraseña y le pidió que nunca desvelara ese secreto. Sería evitarle una tristeza de relativo tamaño al puñado de gente que lo visitaba en su blog sin saber bien el por que. La muerte llegó de pronto, bajo la forma de un auto circulando velozmente por doble fila, detrás de un ómnibus detenido, él cruzaba la calle ( distraído daba forma de posts a sus pensamientos para transmitirlos luego). Vió el Mercedes bordó dirigiendose hacia él. Lo vio detenido en un pantallazo pero entendió que venía demasiado rápido para poder contar esa historia. También tuvo tiempo de pensar en su amigo, al que le había confiado la contraseña y la identidad, y pensó si no sería mejor que el blog quedara detenido en el tiempo, como una estatua, conteniendo únicamente sus palabras y sus historias, y que seguramente sus lectores pensarían que el blogger encontró otro rumbo a su vida, se desencantó de escribir, y que así sería más rápidamente olvidado. Pero no tuvo tiempo de hacérselo saber a su amigo. Al siguiente pantallazo el auto estaba inmóvil pero mucho más cerca y él cerró sus ojos. Y el amigo se enteró y lo lloró, conservó el secreto como pudo y comenzó a cumplir la promesa. Y alguno de sus lectores desconfió y perduró conociendo más al otro blogger creyéndolo el mismo, y otros se fueron, y otros nuevos llegaron. Y otro día, mucho tiempo después, el amigo murió. El blog quedó ahí. Y luego la gente se fue olvidando. Después, con el paso del tiempo, la gente también se fue muriendo. Por eso, yo creo (o lo creyó mi amigo), que está bueno darle un alegría a la gente que tenés cerca, mientras tengas tiempo.

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sábado, noviembre 04, 2006

Este era de los míos

"Reírse con frecuencia y mucho; ganar el respeto de las personas inteligentes y el afecto de los niños; ganar la apreciación de críticos honrados y soportar la traición de los amigos falsos; apreciar la belleza, encontrar lo mejor en los demás; dejar el mundo un poco mejor ya sea mediante un hijo saludable, un jardín o una condición social mejorada; saber que al menos una vida ha respirado mejor porque uno ha vivido. Esto es haber triunfado."

Ralph Waldo Emerson



La foto no tiene un pomo que ver con el texto, pero es de una langosta con que me topé en Paraguay, nunca había visto una similar. Y me pareció como si ella tampoco huiera visto nada similar a mí. Mucha gente me dice que nunca vio algo similar a mí.

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