Rinocerontes eran los de Antes

Evolution

sábado, marzo 31, 2007

Los Mitahí

Siempre evito darles dinero a los niños de la calle. Me es inmediato visualizar un mayor alcohólico que lo golpea en la cabeza, le saca el dinero y lo manda a pedir más durante horas a la intemperie. Como si el éxito efímero de volver con dinero lo condenara a la humillación y la miseria de andar callejeando obligado a buscar más. Sin embargo, durante mi viaje por Paraguay pasaba por lugares alejados del mundo, donde veía gente muy pobre, y los niños venían a curiosear cada vez que paraba un auto. Esos niños son parte de la industria de lograr que el que está de paso deje algo, que casi de inmediato se integra a la microeconomía del lugar. Son simpáticos, generalmente consiguen los que buscan, y a mí me cambiaron entonces mi visión acerca de eso. Los niños se acercaban a vender unos paquetitos con coco machacado. Me explicaba Blatter, mi compañero de ruta, que eso se toma con agua como si fuera mate, es decir succionado a través de una bombilla. Debe ser refrescante, una forma de olvidar por un momento el calor tórrido del verano. Recuerdo que a un niñito de unos cinco años le di un billete de mil guaraníes ( la sexta parte de un dólar americano) al mismo tiempo que le hice una seña ampulosa de que conservara su coco machacado. El niño se sorprendió y miró a su hermanito mayor, que le hizo un gesto de aprobación. El pequeñito tardó unos instantes en descubrir que ricibir el dinero y conservar la mercancía era doble ganancia y se emocionó, sonriendo con sus cara y con sus brazos y sus piernas, casi como un bebé y se fueron huyendo raudamente del sitio como dos pequeñas sabandijas. Quizás a darse algún gusto en la estación de servicio con ese dinero extra.

En general los niños hablan solamente guaraní, pero entienden bastante el español. Esos pocos minutos de parar para comer o estirar las piernas en los pueblitos los aprovechaba para charlar lo que podía con los que se acercaban. No es tan fácil entablar contacto con las personas adultas en esos breves lapsos en que uno detenía su travesía. Los niños lo hacen más fácil. Quizás porque cuando uno no tiene nada que decir solo se remite a sonreírles y acariciarles la cabeza.

En una ocasión al llegar a un pueblo en medio de la nada paramos a almorzar. Nos metimos en el único lugar abierto a la hora de la siesta, el sol estaba alto y el calor era agobiante. Había una mesa con un bufette muy rudimentario y para nada estimulante y en el mostrador unas empanadas rellenas de carne picada que prometían un poco más. Las visualicé como el ansiado almuerzo. Blatter me adivinó el pensamiento y me detuvo tomándome del brazo con un movimiento rápido. Me dijo por lo bajo que no sabía cuanto tiempo tenían detenidas ahí esas empanadas, y que no había refrigeración. Lo miré como si me hubiera hecho descubrir las leyes de Newton en un instante. Nuestro almuerzo fue una Coca Cola helada, esas de botella de vidrio.
Adentro hacía tanto calor como afuera y nos dirigimos hasta una una mesita muy rústica que estaba afuera, a un lado de la ruta. La mesa de aristas irregulares, tenía dos bancos hechos con mitades de cilindro de tronco de árbol apoyados sobre sendos cilindros de menor altura y mayor diámetro también troncos de árbol. Estaba justo a la sombra de un arbusto que protegía muy bien de los especialmente agresivos rayos solares de la primera tarde.
Al llegar a la mesa estaba Blatter conversando con dos niños de unos diez años. Ya le habían contado en guaraní que iban a la escuela y que estaban juntando dinero para comprar su uniforme. Blatter me transmitió lo que le contaron y les dió 3 o 4 mil guaraníes que tenía por ahí y los niños desaparecieron en el acto. Luego llegó otro chiquito, unos 8 o 9 años. Este no hablaba nada español pero daba señales de entender lo que le preguntaba. Se sentó a la mesa con nosotros sin pedir permiso, era una especie de pequeña mesa pública muy cerca de lo que parecía ser una parada de ómnibus interdepartamentales. Le ofrecí la coca que quedó y la bebió velozmente. Vinieron los otros dos chicos nuevamente y se nos instalaron. Les pregunté si conocían al pequeño y me dijeron que si, que iban a la misma escuelita rural, pero que el era dos años más chico. No parecían ser amigables con el chiquito. Los convidé también con coca cola, había mucha gente en la vuelta sin prestar mayor atención al hecho. La presencia de estos pequeños revoloteando alrededor de los forasteros no parecía ser algo que les llamara la atención. Los grandes se fueron como si hubieran descubierto un potencial cliente y desaparecieron otro rato del lugar. Yo me fuí a la estación de servicio y me compré un pote bastante grande de helado. No lo pude terminar y pensé ofrecérselo a alguno de los niños pero ya no estaban. Pero me cuestioné si estaba bien eso. Dejé el pote por la mitad en la mesa, lo separé con la mano con un ademán de "no quiero más" del que pensé que nadie estaría pendiente y como Blatter se había ido a dormir a la camioneta me tiré a lo largo del banco junto a la mesa al borde de la ruta. Ni bien estoy horizontal disfrutando de la sombra y el silencio siento un ruidito y una presencia. Supuse que era un pajarito que bajó y tiró el pote. Me incorporé y estaba el más pequeño de los tres mitahí (niño en guaraní, de hecho una de las pocas palabras que aprendí a decir en esa lengua) terminándose el helado. Por lo visto me observaba desde un lugar seguro, como si fuera un jaguar observando desde la invisibilidad de la hierba a un pato salvaje. Le pregunté si quería otro helado. Me dijo que no, pero ya amigo suyo, le dí dinero para que se comprara uno igual para él. Tomó el dinero y casi al instante caen los otros dos,cual par de jaguares cuyos ojos no se perdían detalle de cuanto sucedía desde algún escondrijo. Les dije que ya no me quedaba más dinero. El pequeño se sintió hostigado por los más grandes, percibí que tenía miedo de que le quitaran su dinero. Creo que les dije algo a los niños grandes para que lo dejaran. "A ustedes ya les dimos algo.." . Capté en sus miradas que entendieron la situación ( que no debían molestar al otro mitahí) y se quedaron en la mesa conmigo mientras el chiquito enfilaba para la estación. No era necesario conversar. Estabamos todos cómodos así, sintiendo como el tiempo a la sombra pasaba tan despacio. Pasó un oficial de policía y me saludó cortésmente. Fue por la comida que yo había despreciado un rato antes. El pequeño vuelve de la estación de servicio con un pancho (una salchicha) con ketchup. No se me ocurrió que tuvieran hambre. El pancho era bastante arrugado y antiguo. Y suficientemente grande como para que por la mitad el niño diera señales de que ya estaba lleno. Los otros captaron que el niño estaba saciado, y que además tácitamente era mi protegido y que no le podrían quitar la comida y entablaron una negociación que no entendí, en guaraní. Le dieron 1 o 2 mil guaraníes por la mitad del pancho que el niño ya no podía comer. Los grandes se repartieron la salchicha y el niño puso cara de haber hecho el negocio de su vida. Les sonreí porque ya los niños no parecían ser los enemigos naturales que eran cuando yo llegué, casi una hora antes. Al irme ya habían integrado al pequeño y los veía que andaban jugando los tres juntos. Me pregunté si alguna vez escribiría esta anécdota aquí y si algún día el progreso llegaría a ese sitio, si los niños podrían tener la suerte de desarrollar suficientemente su intelecto y podrían incluso llegar a leer esto mismo. Y luego rato después, andando por la ruta, seguía con esos niños en la cabeza.

Me pasaba con muchísima frecuencia observar a la gente por la ruta y pensar que habían nacido, se habían desarrollado y morirían tan lejos de mi centro de actividades, desde donde yo los ignoraba y ellos a mí. Que por ese único momento el presente nos conectaba. Y que la vida luego de ese momento fugaz seguiría por caminos separados, que no se cruzarían jamás. Es casi lo mismo que lo que pasa con vos, que estás ahí leyendo, que tenés tu realidad y tus vivencias y que a través de esta ventanita, y momentáneamente, nuestros destinos se acercan o se cruzan de alguna forma. Y después cada uno sigue con sus vivencias y sus cosas.

Y yo algunas las escribo.

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domingo, marzo 25, 2007

Los caminos de la muerte

Dicen que esta ruta en las montañas de Bolivia se llama "La carretera de la muerte".


No debe ser sencillo trabajar en estas condiciones.


A veces hablan menos las palabras.

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En Taiwán las autoridades anunciaron que cerrarán parcialmente una autopista dado que anualmente es atravesada por oleadas de 11000 mariposas por minuto de las cuales la mayoría no logra llegar al otro lado para continuar su peregrinación. Son una variedad de la mariposa monarca, muy famosa por sus migraciones anuales entre Canada y el centro de México.
Me alegra que los chinos protejan a las mariposas. Los mundos sin mariposas no son tan lindos.



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Ayer tuve un casamiento en el interior. Fui con un amigo que trabaja en el mismo sitio que el novio (que el novio del casamiento) y sus otros compañeros de trabajo a quienes no conocía. Al regreso mi único conocido se fue con otro amigo en su auto y yo me volví con los compañeros y el chofer contratado. Decidí viajar adelante con el chofer porque no tenía muchas vivencias en común con el grupo y si bien lo pasé bien, no es fácil integrarse de forma rápida a un grupo donde son todos compañeros y amigos desde hace muchos años. Lo pasé bien de todos modos, con el chofer mantuvimos diálogos interesantes. En determinado momento comenzó a moverse para observar mejor una gran bandada de pájaros que surcaba el cielo. Al ver su interés pregunté que serían esas aves. Me dijo con seriedad.."dame un momento" y segundos después me aseguró que eran unos patos cuyo nombre no recuerdo y al ver mi cara igorante me dijo "parecidos al biguá". Se veían muy lejos para identificarlos así que le pregunté si era oriundo del campo, y me dijo que no, pero que había hecho innumerables recorridas con ornitólogos y que había aprendido muchísimo. Me dijo que había descubierto junto con un grupo de trabajo un ave nueva que no estaba documentada, no muy lejos de Montevideo, un pajarito corredor que anda por entre las dunas de las playas del Río de la Plata.
Le dije que entonces era un científico. Me contestó avergonzado que solo era un observador. Y yo le respondí que eso era justamente lo que hace un científico.
Luego comencé a contarle cosas que conozco a través de internet o de animal planet y tuvimos una charla muy entretenida. Le conté que me habían comentado que en Argentina pagaban fortunas por los doraditos, unos pajaritos que cantan muy bien y me dijo que era cierto, que es un pajarito que canta muy bien, sobre todo el macho en presencia de otros machos. Por algún motivo alguien descubrió que estos animales cuando quedan ciegos cantan con una pasión inusitada y me contó con tristeza que en Argentina les provocan la ceguera a estas pequeñas aves porque cantan muchísimo mejor y de este modo los venden a mejor precio. Me contó que es frecuente que estos animalitos se mueran de un ataque al corazón por el enorme esfuerzo que realizan para cantar de forma más potente. En cambio los que parecen tener el corazón especialmente fuerte y endurecido son aquellos criadores que ciegan a estos animales a cambio de una mejor renta económica y ni hablar del coleccionista que encierra a estos animalitos salvajes para regodearse con su canto mejorado por su provocada incapacidad de ver las cosas.
Debe ser feo compartir la vida con gente tan materialista y tan inmunda. Prefiería toda la vida la suerte del doradito y poder lograr cantar tan alto hasta hacer que mi corazón estallara y ya ninguna jaula pudiera mantenerme cautivo.

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martes, marzo 20, 2007

Es nueva...

La mamá sacó el boleto luego de dejar a la niña en el asiento que está al lado de la puerta de acceso. La niña se hincó y tomada del respaldo miró hacia afuera. Sin encontrar nada atractivo en el dinámico gris matutino miró a un costado. Le sonrió a la chica que estaba sentada a su lado, una mujer de entre 26 y 32 años aproximadamente. Ella inmutable detrás de sus lentes negros y sus pelos teñidos de rubio. La niña extiende su manito y le toca el brazo desnudo. Sonreía, como solo (desde donde) los niños pequeños pueden sonreír.
-"Co´te llamás?"- pregunta fuerte.
La chica baja la vista avergonzada. No le contesta. No tiene nombre. No en ese momento.
La madre regresa de sacar el boleto. Se sienta, la niña se distrae y le hace lugar. Y yo también me distraigo. Mi mente elige, en esa bifurcación imaginaria, el camino de la que bajó la vista. Siempre inmutable. Me pregunto que le ocurrió. Me pregunto que ocurrió con nosotros.
Vuelvo a pensar en la niña. Cuantas más experiencias como esta necesitará para aprender que los grandes no somos como ella? Los grandes solemos avergonzarnos de nosotros mismos y si fueramos como ella, y no de otro modo, algo no estaría bien. Terminaríamos yendo a terapia o tomando medicamentos para sobrellevar una carga tan dura. En que momento la niña aprenderá que no puede preguntarle su nombre a un extraño ? y en que momento la niña comenzará a sentir verguenza de sí misma? a esconderse detrás de lentes negros y cabellos de otros colores y a bajar la vista cuando la salude otra recién llegada al mundo de los muertos vivientes?

y ustedes co´se llaman?

lunes, marzo 19, 2007

Quería replicar lo que dijo este tipo (gracias Flooя por traerlo )

Steve Jobs: “Manteneos hambrientos, manteneos alocados”

Publicado el Friday 17 June 2005

Texto de la conferencia que dio Steve Jobs, Director Ejecutivo de Apple Computer y Pixar Animation Studios, el 12 de Junio de 2005 en la Ceremonia de Graduación —Commencement— de Stanford.

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra iniciación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.

Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.

Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.

No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.

Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.


Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.

Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.


Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.

Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.

Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.

Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.

Seguid hambrientos. Seguid alocados.

Muchísimas gracias a todos.

[Nota del traductor: muchísimas gracias a todos por el enorme interés que ha despertado esta traducción, y por comprender los posibles errores que haya podido cometer al hacerla. ¡Gracias!]

fuente: http://www.faq-mac.com/bitacoras/memoria/?p=159

jueves, marzo 15, 2007

Sincronizando o A veces Dios te hace un guiño ( y se caga de risa contigo) y Las hormigas no tienen frontera

Se me hace tarde y no llego a la terapia. Normalmente llego en hora, pero ese día se me ocurrió revisar los comentarios del blog anterior, el del grillo monstruoso y los publicistas (monstruosos), para ver si había algún comentario nuevo, seguramente con deseos de que lo hubiera para enroscarme a discutir. Escribí algo y se me fueron los minutos que tengo contados para tomar el ómnibus que me deja en el consultorio. Entonces camino rumbo a la avenida y como es costumbre me cruzo con bichos peludos (siempre están en la misma cuadra, el mismo canterito), solo que estos eran diferentes, no eran de los negros con pelo corto, sino de los verdes con pelos largos, más parecidos a espinas urticantes (de hecho creo que lo son). Pero estaban muertos sobre las baldosas. No llegarán a mariposa, pensé, y seguí caminando apurado. Espero un ómnibus pero como el que me deja bien no pasa con mucha frecuencia entonces me tomo un taxi. El tachero la pifió para tomar la calle a donde iba y me pidió disculpas. Le dije que no se preocupara. Desde hace un tiempo dejó de ser para mi cuestión de vida o muerte llegar diez minutos tarde a un sitio, o que me cobren algo de más. Sin que le pidiera nada me descontó unas fichas y me cobró un poco menos.
La psicóloga como siempre me espera lapicera en mano y comienza a anotar todo cuanto digo y no digo. Algunas veces la veo que levanta la vista de la cuadernola para poder anotar sobre las cosas que pueda transimitir mi rostro, dado que las palabras muchas veces no logran tomar formas y se producen silencios, que generalmente el profesional intenta no interrumpir. Le cuento que hoy me tocó a mi llegar tarde, y que es difícil la precisión con los problemas que hay de tránsito y de frecuencias de ómnibus y que como la ciudad se desordenó bastante también es frecuente que tu ómnibus pase tan lleno que no te pare. Le dije que llegué hasta ahí en taxi y lo anotó. Anota todo. También me preocupo en explicarle que el motivo de llegar tarde no fue por desinterés, pero que ocurrió que había un posteo y que por algún motivo me desperté interesado en ver los comentarios. Entonces me preguntó de que había ido el posteo. Y le pregunté si había visto el comercial de ancel, el del grillo monstruoso que mortifica a los que no pueden comprarse celulares y por lo tanto no tienen amigos y se quedan solos. Me dijo que sí, que lo había visto, le dije que me parecía horrible y que posiblemente por las retrospecciones hacia mi pasado y siendo ahora conciente del daño que te provocan cosas insignificantes en momentos en que uno se está formando emocional y mentalmente, ver esa publicidad me había sensibilizado especialmente. Muchas cosas que nos pasan cuando somos niños se nos quedan guardadas, bajo la óptica con que las vivimos en su momento, y el efecto que nos provocan con el paso de los años es más o menos igual que lo del efecto mariposa ( tampoco por casualidad estoy escribiendo tanto sobre él) , pequeños aleteos que se van amplificando con el correr de los años y se desatan de maneras que uno no puede comprender hasta que las analiza y las estudia. Como hay gente de la que me lee (creo que no más de dos o tres) que me conoce en mi vida personal es necesario que les aclare que no es nada más grave que alguna ligera depresión, y la búsqueda de entender por que tengo esta tremenda necesidad de aislarme del resto de las personas y perpetuar algunas metas personales que parezco no darle la importancia en los hechos, que para mi sí tienen. En determinado momento sí, el grado de angustia fue bastante grande y por eso dí el paso, por primera vez en mi vida, de ir a un profesional. Y es bueno ir entendiendo, o tratar de hacerlo, en lugar de asumir cosas o comportamientos que no parecen tener motivo alguno.
Hablando de la publicidad entonces, la psicóloga me dice, "un grillo....el otro día me habló de bichos peludos". Ella siempre me tira esos penales, es como ir a pescar, de repente no pica nada pero de repente sale una corvina de 3 kilos. O un salmón de 7,5 (por que no?).


Bueno, ante este comentario, se me viene a la mente la insistencia por los bichos latente en la naturaleza de este blog y me sonrío y le digo (acerca de los bichos peludos): "hoy ví dos". Me devolvió la sonrisa y anotó en la cuadernola. Y se hizo un silencio, como tantísimos. La diferencia fue que ese silencio no lo rompí yo reflexionando, ni la psicóloga buscando algún disparador para que yo lo asociara con alguna cosa. Lo rompió un sonido muy audible proveniente de patio interior del viejo edificio, que no se había manifestado nunca antes, en las 15 o 16 sesiones que llevamos:

-"Cricrí...cricrí...."

Me tenté automáticamente y nos reímos. El día gris y húmedo ayudó a que un grillo real interrumpiera un silencio en un consultorio donde se hablaba de bichos, quien sabe por que capricho de las circunstancias. "Debe querer vender un celular" dijo la psicóloga, luego que yo me disculpara porque durante unos momentos me reía solo para mis adentros y no podía avanzar con la terapia.
Obviamente pensé que iba a escribir sobre esto en el próximo posteo.

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Cerca del mediodía, en un momento de dispersión en la oficina, hablabamos con Zacarías y Demóstenes acerca un tema social puntual que nos sensibilizó bastante, comentamos casos conocidos acerca de eso, sobre todo algunos que se hicieron públicos últimamente. El tema era abuso infantil. Yo planteé lo horrible que eso sería en el caso de que el abusador fuera un integrante de la propia familia. "Es lo más común" me dijo Demóstenes y "voy y lo mato igual" contestó Zacarías. Y uno de ellos comentó algún caso donde una madre sabía que esto pasaba pero como no tenía recursos para vivir independientemente, era otra época, entonces el tema por más que era conocido por la familia se terminaba silenciando. Eso me dio pie a mi para recordar sobre algo que escribí hace tiempo, una historia familiar y se los comenté a mis compañeros. El tema era que mi tía y mi padre perdieron a su madre por una enfermedad siendo muy pequeños y luego de estar un par de años desperdigados en casas de familiares separados también del padre, éste los reunió de nuevo cuando se volvió a casar. El componente, no sé si por estilo de la época o por los correspondientes baches familiares de entonces, fue que mi padre y mi tía no debían saber que su madre había muerto y que la nueva madre no era tal, para ellos su nueva madre era la única madre. De hecho lo fue para ellos, a pesar de que luego de unos diez o doce años se enteraran de un modo bastante brusco de esta realidad. Pero ellos notaban silencios incómodos cuando preguntaban, o cuando percibían alguna anomalía con el segundo apellido en los documentos, en preguntas en la escuela, etc. Entonces sentían algo así como culpa de averiguar. No preguntaban porque toda la familia poseía un secreto incómodo, y quizás ellos no querían perturbar. El hecho es que recordé eso. Esta abuela muerta joven, si tenía familia en Montevideo, el contacto se perdió definitivamente. Incluso mi tía me dijo que un día, ya siendo una mujer adulta con hijas grandes, una señora hoy fallecida le comentó que había conocido a su madre y a algún familiar. Y a mi tía se le debió activar alguna señal de alerta mental muy antigua porque desistió de preguntar como averiguar más. Y nunca nadie supo, ni tuvo interés. Quizás esos mecanismos de silencio y oscuridad también lo fueron transmitiendo mi padre y mi tía a sus hijos. El apellido de mi abuela era nórdico, y prácticamente no existe en el país. Por poner uno, Erickson (el único de todos los apellidos que conozco tener que no es de orígen español). La charla con mis compañeros no prosiguió mucho más de ahí, pero el corolario fue que sí por una muerte natural se hacía un silencio familiar tan extenso, lo que sería por un caso de abuso, por ejemplo. Se habló de eso. No más de una hora después yo tenía una entrevista en un sitio que no conocía. Busco en el edificio el nombre que buscaba y entre los nombres que recorre mi vista estaba un Olaff Erickson. Y me quedo paralizado unos momentos. Me digo, que casualidad, justo hace unos momentos hablé con mis compañeros del tema este de la abuela perdida y los parientes desconocidos. Es un apellido nada común. Y me recorre una mezcla de desinterés con una curiosidad enorme. Eso luego. Porque enseguida de ver ese nombre mi dedo oprimió el timbre correspondiente al sitio que buscaba. Fue la segunda casualidad del día.

*

La tercera casualidad, sucedió rato después durante el día y es más personal. Tanto que no voy a hablar de ella. Al suceder me produjo una ligera molestia, después me causó un poco de gracia. Y agradezco que haya sucedido. Me despeja mucho que así haya pasado. Y me pregunto por que se me amontonaron tantas casualidades tan estridentes para mí, en un lapso de tiempo tan pequeño.

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Grisel nos decía a Mocho y a mí que se mudó a una casa y contaba que su vecino es bastante latoso. Le molestan los ruidos, que la casa haya estado en obra, la mugre que esto le provoca, etc. Cada vez que la ve a ella o su marido (el Etor), les cae con alguna queja nueva. Al mismo tiempo Grisel y el Etor notan con desagrado como su jardincito acumula restos de cigarrillos. En determinado momento, por la nochecita, vieron pasar una partícula brillante desde el jardín vecino hacia el suyo. El Etor salió enfurecido a recriminar al vecino que no le tirara los puchos a su jardín. El vecino le responde agriamente que no era un pucho, sino que era un caracol. Y le agregó con desprecio, "vino del jardín de ustedes". El Etor desmoronado ante el argumento sobre el orígen de la travesía del caracol alcanza a escuchar una nueva acusación. "Además desde el jardín de ustedes vienen hormigas". El Etor aparentemente quedó en estado de shock y se volvió derrotado. Grisel nos razonaba, casi indignada, que las hormigas no son de nadie, viven abajo de la tierra y que no vinieron con ellos a la nueva casa. El Mocho, mientras escuchabamos la historia sentenció con sabiduría:

"Las hormigas no tienen frontera".

Y yo me fuí a trabajar sonriendo.

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martes, marzo 13, 2007

Cri Cri. Cri Cri.

Que cruel la propaganda de ancel. Aparecen muchachitos de entre 15 y 17 años en los cuales se los hace sentir insistentemente unos pelotudos cuando les piden el número de celular y se hace un silencio, porque no tienen celular ( y está muy mal que un muchachito no tenga celular) y aparece un grillo monstruoso haciendo cricrí.
Hace un par de días le preguntaba a mi sobrino, que anda en esa edad, sobre su celular nuevo y resulta que tiene un contrato que le reporta un gasto muchísimo mayor al que tengo yo con el mío. Aclaro que casi no lo uso, pero igual. El hecho es si no llegó el momento que alguien no se sienta un estafador de mierda y un mal tipo generando mercados a través de la ridiculización de gente de por sí insegura, como normalmente es un adolescente. Tengo ganas de mandarlos a la puta madre que los parió. Que propaganda manipuladora e inmunda. Y lo peor es que funciona. Eso es lo peor.
Cricri cricrí debe hacer el grillo cuando te quedás a solas con tu conciencia, publicista.
Que errado que anda el ser humano. Es como morir con los ojos abiertos. Que lo parió!

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sábado, marzo 10, 2007

El efecto Mariposa 5 y te mandó saludos Chola

Sucedió en Marte, te estoy hablando hace dos, tres millones de años, que un día vino el hombre y le dijo a la Mariposa. Vió mariposa, vió lo que hizo usted, que anduvo por allá batiendo sus alas alegremente. Mire, mire lo que hizo, mire cuanta calamidad y cuanta muerte. Está contenta? Mientras tanto le mostraba fotografías de las inundaciones y los miles de evacuados y centenares de muertos y de todas las calamidades que habían sucedido en China como efecto de su aleteo.


La mariposa, que como cualquiera lo sabe es un animalito muy sensible miraba con los ojos grandotes, sin decir nada y se sumió en una profunda crisis de tristeza. Entendió que no había nada que pudiera decir que pudiera acomodar tanto lío. Entonces trató de no aletear más. A veces le salía algún vuelo corto a alguna flor, pero cuando se daba cuenta le daba una culpa enorme. Se comenzó a trasladar dando saltitos. Y claro, eso en la carrera evolutiva es dar mucha ventaja. Pronto comenzaron a desaparecer las mariposas en Marte, y después las flores no tenían como fecundarse y comenzaron a morirse las plantas y luego se comenzaron a morir los animales herbívoros y luego los carnívoros y los hombres. Y después Marte quedó así, más o menos como lo que vemos hoy. Fue una desgracia. El conocimiento duele mucho.



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-Te mandó saludos Chola.

Claro, dicho así parece una frase inofensiva. Una especie de comentario que busca un acercamiento para comenzar un diálogo. Pero no. No es este el caso. Uno puede decir por ejemplo "ah si che!, muchas gracias" y seguir en lo suyo o si no mostrar con una pregunta su voluntad de continuar la conversación. "Muchas gracias..¿como andan?"
Pero no. Para mi madre decirme mientras caliento agua para hacerme unos mates, "te mandó saludos Chola" es una frase cabeza de playa. A continuación desembarcan cientos de miles de datos, nombres, fechas y acontecimientos. Mi conciencia desmaya y solo permite filtrar los primeros datos para procesarlos hasta que mi mente los diluye. Luego es un ruido. Recupero mi conciencia cuando está sacudiendo frente a mí, a unos pocos centímetros de mi rostro, una maceta de plástico que quedó evidentemente pequeña ante el crecimiento de un alóe vera que traje de Colonia. "Qué vas a hacer con esto??" me interroga.
"Ah...ese es el alóe que me regaló el padre de Huguito? "(no me escucha). -No, no. Este es el falso alóe, el verdadero es del que tiene las hojas apuntando hacia arriba, aquél que está abajo de la ventana. Intento decirle que los trasplante, como ella sabe, a algún lugar con más espacio porque es muy útil tener alóe para las heridas y las quemaduras. Entonces me pasa a hablar de otro tema sin dejarme ni respirar y con notorias intenciones de seguir multiplicando el flujo de datos. La paro. "pará pará, de a un tema a la vez, porque mi cabeza no puede recibir tanta información, después me decís que no te escucho. Vamos a hablar del alóe vera y vamos a dialogar los dos. Yo te pregunté si este era el que me regaló el padre de Huguito y me dijiste que no. Me tendrías que haber dicho que si. Viste, la que no me escucha sos vos! Me mira imponiéndose un silencio que evidentemente no podrá contener por mucho tiempo y con mucha dulzura. Se queja de que no la escuche, que cuando falte me voy a acordar de ella y que no la escuchaba y termina entre sus plantitas emitiendo hacia el universo todos esos comentarios que yo le pedí que no me dijera todos juntos. Se ve que a las plantas les gusta, porque a la vieja, le crecen preciosas. Es la envidia de las otras viejas del barrio.

Estas cosas me pasan por solterón. Pero es de oro mi vieja.

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viernes, marzo 09, 2007

El efecto mariposa 4

Van dos veces seguidas, más o menos a las 7 y 30 de la mañana que me cruzo con el mismo bicho peludo ( bueno, está bien, no sé si es el mismo porque los bichos peludos son todos idénticos, pero me gusta pensar que sí lo era). Yo camino rápido y semidormido por la vereda y el animalito que galopa convencido rumbo a los pastitos que hay en un cantero donde se eleva un paraíso, en dirección perpendicular a la mía. Ambas veces estuvo bien cerca de ser aplastado, sin ser cociente de ello.

A lo mejor, como el bicho todavía no es mariposa, su galope apenás provoca una racha de viento y lluvias ocasionales en Hong Kong, Shangai y todo por ahí. Se debe llamar "el efecto bicho peludo" este fenómeno.

A uno también le pasa que no es conciente que dos por tres se salva de culo de que lo aplaste alguna cosa que no entiende o no se espera. Algunas veces uno va convencido galopando hacia el pastito y se lo lleva puesto una realidad más potente que venía distraída en dirección perpendicular.

Uno es como un bicho peludo también.

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jueves, marzo 08, 2007

El efecto mariposa 3 y Te quería preguntar

Cuando escribí el efecto mariposa a los dos minutos fui a chequear las estadísticas de la página y noté que tuve mi primera entrada de China, de una ciudad desconocida hasta entonces por mí, y un poco menos ahora, llamada Fuzhou. Busqué su ubicación en google earth y fotos en internet. Encontré muchas cosas, entre ellas esta preciosa foto. Ojalá por aquí se construyera tan lindo.



Y nada. Es que al efecto de escribir sobre una mariposa mental que aleteaba y generaba una tempestad en Pekín le siguió la visita de gente de una ciudad china desconocida y en cierta forma esto es parte del efecto de esa mariposa imaginaria que abrió sus alas de colores en mi imaginación. No sé si esta gente siga viniendo, ni tampoco sé si pueda entender lo que aquí se escribe. Pero me gusta el efecto.

Estos días en el trabajo estuve comiendo comida china. El último guiso de verduras ("no carne, no carne" me decía el vendedor oriental) estaba riquísimo. Tenía cubitos de carne, si, pero valió la pena.

Mariposa en chino se dice 蝶 (hú dié).

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Hoy fuimos al velorio de la mamá de un compañero de la empresa. Cacho, por poner un nombre, tenía la tristeza y la resignación en la mirada que suele tener alguien en un momento así.
Pensaba que es un momento que todos sabemos que nos sucederá alguna vez. Y que cuando sucede no se debe olvidar más. Es quizás el momento más importante de la vida de uno, por su impacto, a pesar de que sabemos que así sucederá algún día y que así debe ser. A uno lo deben invadir sus primeros recuerdos, quizás todos sus recuerdos. Y no debe ser fácil encontrar consuelo.

Reflexionar sobre esto me trajo a la mente un par de momentos de mi niñez. Fue cuando descubrí escuchando la radio que los niños también morían. Fue un pequeño que murió aplastado por un tractor. Yo creía entonces que la gente solo moría de vieja, y que si había accidentes los niños eran indestructibles y no perdían la vida en ellos. Mi madre me explicó que no, que no era así, y que era cierto lo que decía la radio, que los niños también podían morir.

No sé si antes o después de eso, era muy chico y pensaba. Mi madre me había arropado como todas las noches y se había ido a su cuarto. Pero esa vez cuando me besó yo no cerré los ojos para dormir. Esa vez me quedé en vigilia. Angustiado. Estuve posiblemente unos cuantos minutos pensando en silencio, serio. La llamé y llegó pronto. Le pregunté si ella también se iba a morir. Seguramente yo tenía el terror pintado en la cara. Me dijo que sí, pero que para eso faltaba muchísimo tiempo. La forma en que me lo dijo me dio una tranquilidad infinita. Yo le creí. Porque me dormí instantáneamente.
Cumplió su palabra mi vieja querida, han pasado tantos años y seguimos en la vuelta. En este planeta confundido y triste pero que no abandona nunca la esperanza.
Nada. Les quería preguntar si ustedes registran recuerdos así o si son cosas mías.

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domingo, marzo 04, 2007

La plataforma de Larsen y otras inquietudes


Quería escribir algo sobre una noticia formidable e inquietante que no ha trascendido mucho en estos tiempos donde lo que vende son otras novedades. En la Antártida ha colapsado una enorme plataforma de hielo, conocida como de Larsen, y eso ha causado que quedara al descubierto un gigantezco ecosistema que estuvo aislado del resto de la biósfera durante decenas de miles de años.


Este biosistema se ha sostenido apartado de la energía solar y se sospecha que la fuente de sustento que le ha dado lugar es la energía suministrada por las emisiones de metano provenientes de las entrañas de la tierra. Un sitio oscuro y frío, donde la vida evolucionó con sus tiempos y formas, aislado del resto.

El hermoso pez de la primera foto es un pez antártico llamado Pez Hielo y el cefalópodo de más arriba se conoce como Pulpo de Turquet, y son especies ya conocidas sobre las que se sabe más bien poco. Otras son totalmente desconocidas como una especie de camarón gigante (unos diez centímetros de longitud) cuya foto es la que aparece acá abajo.Y buscando acerca de este descubrimiento fascinante me entero de otros, anteriores, quizás un poco más impresionantes. Se trata del lago Vostok, llamado así por ser un lago congelado que presenta encima una cobertura de hielo de entre 3 y 4 mil metros de espesor. Le han llamado así por estar ubicada sobre la superficie de hielo una base científica rusa con ese nombre.

En este caso se ha descubierto mediante fotos satelitales la existencia de este lago (que forma parte de una amplia red lacustre) que constituyen una nueva frontera para la ciencia. Solamente el lago Vostok, el de mayor tamaño de la red, que a su vez es mayor que cualesquiera de los grandes lagos de norteamérica, contiene más o menos el 5% de las reservas de agua dulce del planeta. Bajo estos kilómetros de hielo se encuentran posiblemente sistemas biológicos que han evolucionado aislados completamente de la superficie terrestre. Se especula incluso que en las profundidades no hay intercambio líquido entre estos lagos y que la vida ha evolucionado en ellos de manera totalmente diferente. Los científicos ahora se ven en la disyuntiva de encontrar el modo de analizar estos nuevos mundos sin alterar de modo irreversible su existencia. Las propias torres de perforación que permitirían el acceso a estos mundos vírgenes podrían contaminarlos de manera crítica llegando al contrasentido de poder hacer colapsar, por querer entenderlo, un mundo que cuenta con decenas de miles de años de existencia apartada del resto.



En este blog encontré más información sobre este tema y es mejor leer directamente de gente con más conocimientos. Solamente quería agregar a todo esto que hace unos pocos años el ser humano se creía el ombligo del universo y en la medida que va accediendo a porciones inexploradas de la propia Tierra va descubriendo formas nuevas de vida ( casos como este, y como en el fondo de la fosa de las marianas). Seguramente en pocos años también el hombre acceda a descubrir formas de vida en lugares más alejados como algún planeta o satélite de nuestro sistema solar. Y más adelante, o no, quizás descubramos que no somos los únicos que andamos explorando el universo. Quizás tengamos competencia, con miles de años más de especialización y sabiduría.

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El viernes de madrugada mi madre se descompuso y nos pegó un susto. El servicio de urgencia llegó una hora y media después de ser solicitado. Montevideo no es muy grande, no tanto al menos, como la angurria de los empresarios de la salud. A mi padre le dijeron que el médico de guardia estaba ocupado con otro llamado o algo así. La telefonista se interesó en saber si el problema era realmente urgente. Fue realmente indignante. No me molesta esperar una hora al muchacho que trae los ravioles el domingo, ni al diariero, pero me irrita tener que esperar a quien me está vendiendo un servicio de urgencia. Fue una verguenza, solamente pude contenerme de tomar el teléfono y decirle de todo a quien sea, porque mi madre no estaba grave. Cuando llegó el médico venía preocupado porque habían visto a una cuadra de casa como robaban una casa. Y hasta creo que se quedaron un rato tratando de identificar la situación. "Hicimos la denuncia", le explicaron a mi padre sin empezar por saber que carajo tenía mi madre y si estaba grave. No me pareció momento oportuno para salir a cagar a puteadas a nadie y no participé de la situación. Me lo cuestioné mucho porque dejé a mis padres solos con el médico y su acompañante. No es buena la ira, pero también es cierto que me la permití porque no percibí que los síntomas que presentaba mi madre fueran graves. Cuando se fueron le dije a mi madre, ya mucho más aliviada, de dejar de contibuir económicamente con este servicio de incapaces que venden urgencia, y cuando los llamás te preguntan si realmente es urgente para llegar una hora y media más tarde, previa sugerencia de ir por las nuestras a la mutualista de mi madre si los síntomas eran realmente graves (gracias por el consejo) (y la puta que te parió, ya que estamos).
A mi madre le dieron calmantes y le dijeron que viera un médico en la mañana.
Como a las seis me despierta mi padre porque mi madre volvió a sentirse molesta y a pedirme que los acompañara a la mutualista. Le dije que se quedara que yo llevaba a mi madre, pero él insistió y no se separó de ella en toda la mañana del sábado. Me conmovió mucho ser testigo de eso. Una vez en la mutualista, hice los trámites y la ingresaron a sala de urgencias. Solo una persona podía acompañarla, quería ir yo por sentir que estaba más ágil que mi viejo para las tramitaciones y los intercambios con personal de mal humor o disconforme con la vida, pero mi padre insistió en querer estar con mi madre, y quizás por no haberlos visto en mi vida tan juntos lo dejé ir a él. Mi viejo tiene 82, lleva una vida entera junto a mi madre, la estadística indíca que puede que no esté lejano el día que se digan adiós para siempre, que no es más que una forma de decir que la vida tiene un límite, que rara vez te permite la posibilidad de despedirte del que se va y que ni siquiera dandote esa oportunidad, esta despedida genera algún consuelo y mitiga el dolor en los que se quedan. Y me emocionó ver esa presencia cercana, solidaria y silenciosa de mi padre hacia mi madre.
En la sala de espera ya no sabía como sentarme. Veía pasar las horas. Mi padre salía cada muy de tanto en tanto para decirme que no había novedades, o eventualmente traerme alguna.
En determinado momento llegó una señora mayor, muy gorda, transportándose pesadamente con un andador. La acompañaba alguien que parecía ser su hija. Mucho rato después de estar esperando aparece en escena una enfermera explicándole que para llegar hasta el médico especialista que atendería a la señora había que subir una escalera y que si la señora podía caminar, porque la podrían trasladar en silla de ruedas hasta ahí, pero que luego tendría que subir por las suyas. Ante la sorpresa de la señora, la enfermera le dice..."porque usted está muy pesada para cargarla" y ante el requerimiento de la hija de si no había gente para ayudar a su madre a subir los escalones la enfermera comienza a retirarse dándole relativa tranquilidad a esta gente de que de alguna manera van a solucionar. Entonces yo leía el diario y ya me sentí en el compromiso de ofrecerme para ayudar a cargar con la señora, y una voz me decía, pero que carajo, esta gente cobra muy bien como para que yo tenga que venir a resolverles el problema con mi esfuerzo, yo estaba ahí esperando por mi madre, me pareció una exageración tener que trabajar de camillero gratuito de una empresa mutualista de ingresos formidables, sobre cuyos ricos funcionarios se han tejido leyendas muy famosas acerca de los diezmos que obtienen sobre la facturación de los productos que adquiere la empresa para la que trabajan. Yo esperaba ahí por el futuro de mi madre, aun no sabía siquiera si su dolencia era de más gravedad de lo que aparentaba. También me vi tentado de sugerir con mis peores modales que si la mierdosa eminencia médica no podía bajar esos nueve escalones para atender en un sitio a la que esta señora pudiera acceder. Pero otra vez me contuve y una vez más, luego, me cuestioné mi falta de rebeldía. La enfermera se fue sola con el rabo entre las patas. Luego volvió otra a decir más o menos otra vez la historia de los nueve escalones pero le dio tranquilidad a la señora de que lo solucionarían y le explicó que los sábados no abren el portón que está por la otra calle y que normalmente la gente en silla de ruedas ingresa por ahí. La hija de la mujer le preguntó si era algo muy complicado acceder a la persona que abre los portones y la enfermera puso cara de no tener idea y le dijo que ese tema se "les escapa de su tarea" y le dice avergonzada que no tiene (la más puta) idea de dar con el tipo que tiene la llave del candado. Mucho más rato después llegan las dos enfermeras y más atrás otro pequeño gran héroe, un camillero con una silla de ruedas. Este gran señor tiene la enaltecedora actitud de decir en voz audible para las ya manoseadas enferma e hija, que "uhhhh y encima es gorda!!!". Puta madre. Yo lo tenía que haber cagado a piñazos por pavo, por mal tipo. Me cuestiono severamente haber sido testigo sin involucrarme en esa situación. Yo se que a un tipo así la propia vida lo tiene que poner en su sitio y a diario. Aún así, soy totalmente antiviolencia pero de referirse así a mi madre el que terminaba en la urgencia era ese tipo. La hija de la señora atinó a decir con seriedad y firmeza "pero por que es gorda no la van a dejar de atender!". El tipo agachó la cabeza y procedió a hacer su tarea y la ubicó como pudo en la silla de ruedas, con tales modos que la señora se quejó por que le torció un tobillo mientras la fijaba con una cinta de seguridad a la silla. Se fue empujando la silla refunfuñando, y las enfermeras con una actitud de impotencia e inoperancia, al menos un poco menos irritante.
A los pocos momentos veo salir caminando a mis padres y me terminó de volver el alma al cuerpo. Por suerte nada importante. Un malestar pasajero que ya está pasando. Los que no pasan y permanecen son estos parásitos sin rostro que se benefician cobrando servicios caros, donde las personas jóvenes y saludables pagan cuotas altísimas y las personas viejas y de salud precaria pagan cuotas igualmente altas y además pagan por tickets, ordenes de asistencia, medicamentos y análisis que los hacen prácticamente dejar la mayor parte de sus ingresos en las arcas de estos pérfidos mercaderes de la desgracia.

Llegamos a casa y Gaia que es la primera en salir a recibirnos y mostrar como puede su preocupación y amor. Todos los días de su vida incluyen ir al cuarto de mis padres y desayunar con ellos y escuchar siempre las mismas frases y los mismos mimos, mientras mis padres toman el mate de la mañana y ella mendiga bocados y cariños alternativamente de cada lado de la cama. La ruptura de esa rutina debió causarle mucha sorpresa y ansiedad.

Al mediodía del domingo llueve de forma abundante y mi padre cocina y alguien tiene que ir a la feria. Normalmente mi madre hace ambas cosas. Así que un servidor toma el paraguas y se va a la feria portando la lista de alimentos a traer. Un poco por falta de costumbre y otro poco por tener que salir bajo lluvia me olvido de la chismosa (bolsa de los mandados) entonces me doy cuenta que voy a tener que restringir la lista de alimentos a los más indispensables porque no tendría luego como cargarlos. Así que prescindo de las manzanas verdes. Le explico avergonzado al verdulero que me olvidé de la chismosa ( no pasa nada, me dice el tipo, diplomáticamente, como para que no me sintiera tan pelotudo(tonto)) y mientras pago, sostengo el paraguas y junto las bolsas de fruta, verdura y queso, se me inclina el paraguas y le pego a una señora en el brazo y a pesar de eso me mira con simpatía y le señalo que con la lluvia me faltan manos, todo para justificar que soy un pelotudo. Me sonrió. Regreso y le digo victorioso a mi viejo en la cocina acerca de mi criterio y sobre traer lo necesario y lo justo para la subsistencia del clan, por haberme olvidado del a chismosa. Mi viejo me mira con cara de cuando se mira a un auténtico pelotudo y me muestra que está calentando agua para hacerle una compota de manzanas a mi madre, que es lo único que puede comer (y tengo idea que se había hablado de eso en alguna de las cuantas horas que duró todo este episodio, donde mi familia quedó acéfala, desde la madrugada del viernes hasta el mediodía del domingo). Ahí me digo que evidentemente me trato de un tipo que no tiene muchas luces (más o menos como la casa de Stevie Wonder), gesticulo amistosamente y le digo a mi viejo que muy bien, que otra vez al paraguas y la lluvia y que iba a la feria a buscar las benditas manzanas. Llego a la feria, que estaba vacía de gente por la lluvia y con más o menos los mismos puestos de venta y pido las únicas manzanas verdes que habían en la vuelta. Eran pequeñas y duras, pero me dije que para compota deberían servir porque el agua las ablandaría ( me supuse que esto era muy razonable y este pensamiento evitó que me siguiera martirizando). Pedí dos kilos. El kilo salía 15 pesos. En eso me llevo la mano al bolsillo del chubasquero y recuerdo que había dejado el vuelto a mi madre sobre la cómoda. Entonces reviso y veo que tengo 10 pesos. Y rectifíco diciendo que con la lluvia me olvidé del dinero y que me dé solo diez pesos de manzanas. El tipo se compadece (este tipo se debe pensar que yo soy un pelotudo, pensé yo) y me da, creo que un poco más de diez pesos de manzanas (el precio que aparece en el pizarrón sobre cada montón de fruta fluctúa un poco con el clima y la hora en que vas a comprar (con la demanda bah!)). Así que pongo los pies en polvorosa rumbo a mi hogar. Llegando me doy cuenta que en uno de los bolsillos tenía cientos de pesos, el vuelto de mi primer incursión por la feria, así que podía haber comprado más manzanas. Y hasta uvas! Qué pelotudo por Dios!!! Que elemento de perturbación y desequilibrio la lluvia, ¿no?

Después la saqué a pasear a Gaia, que andaba muy necesitada de salir. Ya está en celo, la guacha. Y para peor hay un petiso que es como la mitad de chico que ella que me la calienta como una quematutti. Yo siempre le desconfié al petiso. Cuando se aproximaba hace unos meses a jugar con ella yo me dí cuenta de que le habia echado el ojo. Se tiene fe el petiso, siempre lo supe, y la verdad que me cae bien. Es un cuzquito de mierda blanco con manchas negras, muy parecido a Mendieta, el perro de Inodoro Pereira. Quizás por eso me cae bien. Gaia es más fina y distinguida, pero que se le va a hacer, el amor es ciego. Entonces como está en celo la llevo con la correa porque si no se me va al diablo y el petiso me pone la firma.
Si bien el petiso se mostró mano larga desde los comienzos, últimamente, desde que Gaia es señorita, se está pasando y me tiene bastante caliente. El petiso se aproxima, y me mira como pidiendo disculpas y después pasa directamente a olfatear a la Gaia en la zona genital. A mí es una situación que me desborda y me incomoda mucho, entonces tiro de la correa y me llevo a Gaia rumbo a casa y el petiso que se arrima y me mira temeroso, se ve que ya se ha comido algún shot de derecha en la vida porque su tamaño lo hace susceptible de levantar un centro a la olla con él, con cualquiera de ambas piernas, a gusto del ejecutante. Yo aprovecho su temor y lo miro con cara seria, como si estuviera por patear un tiro libre en una final y el tipo calcula mentalmente la distancia al a que podría llegar con cualquiera de mis piernas y le hace ojitos a la Gaia desde afuera de ese círculo imaginario de influencia de mis zapatos. Claro, el tipo me ve pacifísta pero no confía totalmente porque seguramente ya debió comerse alguna patada en el culo bastante dolorosa, fruto de su insistencia con las muchachitas del barrio, pienso. Así que nos siguió hasta casa. Yo a Gaia la llevaba de arrastro a esa altura. Se muere con el petiso. Que tendrá el petiso!!! Para peor entro a Gaia al jardín y el petiso pega un salto felino y se para sobre el muro. Ante esa demostración de aptitud física y devoción la Gaia deliraba, totalmente entregada. Lo corrí con amenazas al minúsculo pretendiente y entré como pude a la Gaia. No se que hacer con esta chiquilina.

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Mucho más rato después me dirijo al baño y veo la puerta cerrada y enfilo para el baño del pasillo (la peor opción) y lo veo ocupado entonces me molesto, porque hay pocas cosas tan molestas como ir apurado al baño y verlo ocupado, una de ellas es ir apurado al baño de servicio (o más bien de segunda) y encontrarlo también ocupado. Entonces giro de golpe con mala actitud, reconozco y la piso al a Gaia que me seguía devotamente buscando seguramente que la lleve a pasear de nuevo o que la entretenga porque esta aburrida o buscando quizás no más que una señal de afecto (el perro tiene eso) y cuando la piso trastabillo y siento un dolor agudo y espantoso en mi rodilla convalesciente y le pego una puteada de decibeles considerables a Gaia y se asusta y me mira y voy y le doy una palmada en el cuarto trasero y le grito que no me ande encima. Ella me pone cara de cachorro desamparado y de que no entiende como si lo único que hace es quererme más que a nada en el mundo y reclamarme afecto, yo le grito y la golpeo. Yo me siento mal por mi reacción. Me siento un podrido. Y me pregunto como diablos hago para hacerle entender que hace meses acarreo una lesión en la rodilla y que me angustia mucho y que me duele especialmente cuando tropiezo con algo y que estaba de mal humor por lo del baño ocupado. Y una mierda!! que culpa tiene el animalito de todo eso. Pero como le explíco que no me ande encima a un bichito que apenas entiende algunas pocas palabras y desconoce absolutamente de la anatomía humana y de la lenta recuperación de las lesiones de rodilla y de que encima, yo soy un tipo ansioso???
Rato después ando navegando y me voy para lo de Trenzas (que es esta amiga que reencontré buscando en google lo de los cristales del Dr. Emoto y entre en un blog donde ella comentaba y como tiene la foto en el perfil la reconocí). Y en su posteo comentaba una persona que la elogió y me dio curiosidad y visite su blog y en uno de los posteos tenía esta reflexión inspirada en algo que dijo Steven Covey ( el de los siete hábitos de la gente eficaz, un libro muy vendido) y su pensamiento me maravilló.

“Estás desayunando con tu familia. Tu hija tira una taza de café y chispea tu camisa de trabajo. Tú no tienes control sobre lo que acaba de pasar. Lo siguiente que suceda será determinado por tu reacción. Tú maldices. Regañas severamente a tu hija por que te tiró la taza encima. Ella rompe a llorar. Después de regañarla, te volteas a tu esposa y la criticas por colocar la taza demasiado cerca de la orilla de la mesa. Y sigue una batalla verbal. Tú vociferando subes arriba a cambiarte la camisa. Cuando bajas de regreso, encuentras a tu hija demasiado ocupada llorando terminándose el desayuno y estar lista para la escuela. Ella pierde el autobús.

Tu esposa debe irse inmediatamente para el trabajo. Tú te apresuras al carro y llevas a tu hija a la escuela. Debido a que tú ya estas atrasado, manejas 40 millas por hora en una velocidad máxima de 30 millas por hora.


Después de 15 minutos de retraso y obtener una multa de tráfico por $60.00, llegas a la escuela. Tu hija corre a la escuela sin decirte adiós. Después de llegar a la oficina 20 minutos tarde, te das cuenta que se te olvidó el maletín. Tu día empezó terrible. Y parece que se pondrá cada vez peor. Ansias llegar a tu casa.


Cuando llega a tu casa, encuentras un pequeño distanciamiento en tu relación con tu esposa y tu hija. ¿Por qué? Debido a como reaccionaste en la mañana”.
¿Por qué tuviste un mal día?
a) ¿el café lo causó?
b) ¿tu hija lo causó?
c) ¿el policía lo causó?
d) ¿tú lo causaste?
La respuesta es la “d”
Tú no tenías control sobre lo que pasó con el café. La forma en como reaccionaste esos 5 segundos fue lo que causó tu mal día.


Te presento lo que debió haber sucedido.


El café te chispea. Tú hija está a punto de llorar. Tú gentilmente le dices, “esta bien cariño, solo necesitas tener más cuidado la próxima vez. Después de agarrar una camisa nueva y tu maletín, regresas abajo y miras a través de la ventana y vez a tu hija tomando el autobús. Ella voltea y te dice adiós con la mano. ¿Notas la diferencia?


Dos escenarios diferentes. Ambos empezaron igual. Ambos terminaron diferente. ¿Por qué? Tú realmente no tienes control sobre el 10% de lo que sucede. El otro 90% se determinó por tu reacción.


Este ejemplo pone de referencia lo que trato de decir, siento que en realidad si nos diéramos el tiempo de aplicar la conocida norma 90/10 que es a lo que se refiere... el mundo sería mucho mejor.


Reflexiona."

Entonces pensé: que diablos( en realidad me dije "que mierda", pero uno en el post lo pule un poco porque nunca sabe bien quien lo está leyendo desde el otro lado), es imposible que Gaia entienda que no me puede andar encima porque me duele la rodilla y me puedo enojar si el baño está ocupado y cuando gire de golpe y me trastabille, me duela mucho y me agarre una rabieta de campeonato y entonces me de por insultarla y pegarle una palmada. Es mejor que nada más yo sea conciente de que eso sucede y simplemente dejar de cambiar de dirección inesperadamente para no tropezarme con quien solamente me idolatra y me quiere. Después nos fuimos a pasear con Gaia y andamos como chanchos de nuevo. El perro perdona esas actitudes mediocres que tenemos los humanos. Humanos que nos creemos la gran cosa y tenemos esas limitaciones tan horribles.

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Bueno, esto es de una u otra forma lo que me inquietaba y quería escribir. Es lo que tiene el ser un bicho solitario (lobo estepario me dijeron una vuelta) donde uno suele necesitar estar solo mientras una legión de personas le reclama un poco de atención y por otra parte cuando uno quiere estar con alguien no tiene la menor idea de como hacérselo saber ni es capáz de comprender tampoco que la otra persona no tenga la menor disposición o deseo de estar con uno.

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Un poco por todo eso es que estoy yendo a una psicóloga. Yo le explico que tengo podrida a la gente, que le hablo y le doy vueltas a las cosas y que me piden por favor que no de más vueltas y que no les hable. "Lo único que me falta es que usted me pida que no le hable", le agrego a la psicóloga mientras ella apunta a velocidad de taquígrafo todo lo que le digo. Esa vez se sonrió.



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